La Medialuna


100 años de sueños

El pasado 6 de febrero se cumplieron 52 años de una de las mayores catástrofes en la historia del fútbol: la tragedia de Munich. En ella perdieron la vida varios jugadores del Manchester United, que conformaban en aquellas fechas una plantilla que parecía predestinada a acabar con la tiranía del Real Madrid en Europa: Colman, Jones, Taylor, Byrne, Whelan, Bent, Pegg, y Duncan Edwards. Tras este accidente, Bobby Charlton, uno de los Diablos Rojos que salvaron la vida en aquel accidente, bautizó al estadio de Old Trafford con el nombre de: El Teatro de los sueños. El Divino calvo lo hizo porque consideraba que el campo del Unted iba a guardar para siempre la magia de aquel magnífico equipo que perdió la vida. El próximo día 19 se cumplen 100 años desde la inauguración del estadio. Por ello, este post va dedicado a recordar varios de los momentos más importantes de su historia.

El estadio fue diseñado por el escocés Archibald Leith y levantado por la constructora Messrs Brameld y Smith. El coste del mismo fue de 60000 libras, que se encargó de financiar el presidente del club: John Henry. El primer partido que se disputó en él fue un Manchester United-Liverpool que acabó con victoria visitante por 3-4. Su ubicación fue alabada por el The Sporting Chronicle: “Un honor para Manchester y para la casa del equipo que puede maravillar cuando sean eliminados”.

Debido a que Wembley no se construyó hasta el año 1923, Old Trafford acogió varios partidos importantes de la FA CUP en los que no jugara el Manchester. El primero de ellos fue el replay que disputaron en 1911 el Bradford City contra el Newcastle. En 1915 acogió la final entre el Sheffield United y el Chelsea que acabó con la victoria de los primeros por 3-0. El campo, además, tiene el récord de asistencia a un partido en el periodo previo a la segunda Guerra Mundial, pues en diciembre de 1920 70504 espectadores vieron en directo el triunfo del Aston Villa sobre el United por 1-3. Aunque el record del estadio data de 1939, cuando 76.962 aficionados se dieron cita para ver las semifinales entre el Wolverhampton y el Grimsby Town.

 

Las bombas lanzadas por el ejército alemán durante la segunda Guerra Mundial provocaron grandes destrozos y Old Trafford no se pudo salvar de ellos. Por ello, el United se tuvo que gastar cerca de 22.000 libras en reconstruir el campo. Durante las obras, el Manchester jugó sus partidos en Maine Road, campo del Manchester City, a cambio de 5.000 libras por temporada y un porcentaje de la taquilla recaudada en sus partidos. Finalmente, después de una década, el United regresó a casa en 1949 y lo celebró a lo grande: ganando al Bolton por 3-0. 

Ante este equipo, precisamente, también se disputó en 1957 el primer partido con focos en la historia de Old Trafford. Debido a la celebración del Mundial de 1966 en Inglaterra, el Teatro de los Sueños sufrió un nuevo lavado de cara en 1965 y su capacidad aumentó en 20.000 espectadores más. El campo volvió a ser nuevamente pasto de las obras en 1990, cuando, tras la catástrofe de Hillsborugh, el Gobierno decretó que en todos los campos ingleses todas las plazas debían de ser de asiento y no de pie. Por ello, su capacidad se redujo hasta los 44.000.

Cifra que aumentó en 24.000 plazas a finales de la década de los 90. Hecho que produjo que Old Trafford recibiera por parte de la UEFA la distinción de “Estadio cinco estrellas”. Ello provocó que en 2003 pudiera albergar la final de la Liga de Campeones, aunque, lamentablemente, Milan y Juventus disputaron una de las finales más soporíferas de todos los tiempos. En 2005 sufrió su última ampliación y tras ésta Old Trafford registró la mejor entrada de su historia en un partido del United cuando los Diablos Rojos jugaron contra el Blackburn Rovers. 

El próximo día 19 el campo cumplirá 100 años, pero el Manchester lleva celebrando esta fecha desde principio de temporada, pues en esta campaña viste una camiseta muy similar a la que lucía en 1909.  



Brian Clough, el genio inglés

Si hay un técnico que ha sentado cátedra en el Reino Unido no cabe duda de que ése es Brian Clough. Genio y figura dentro y fuera del terreno de juego, su estilo ha sido imitado por muchos grandes como José Mourinho. Sin embargo, Brian Clough sólo hubo uno.

El 26 de diciembre de 1962 una lesión en el ligamento cruzado puso fin a la prolífica carrera de Clough como delantero centro, en la que logró 197 goles en 213 partidos con el Middlesbrough y 54 tantos en 61 encuentros en el Sunderland. Sin embargo, donde muchos no hubieran visto más que una oportunidad para lamentarse de su mala suerte él vio una oportunidad: convertirse en entrenador.

Tras foguearse como técnico en las categorías inferiores del Sunderland, Brian tuvo su primera oportunidad como entrenador de un equipo profesional en el Hartlepools United. Más allá de los resultados cosechados en este equipo, comenzó a formar junto a Peter Taylor uno de los tándems más importantes de la historia del fútbol británico.

Tras esta aventura, ambos se marcharon al Derby County, donde permanecieron del 67 al 73. Cogieron a los Rams en Segunda y los convirtieron en campeones de Inglaterra en el 72. Sin embargo, a Clough le gustaba mover todo a su antojo y el presidente del Derby decidió despedirle en 1973, tras realizar la contratación más cara en la historia del club sin haber consultado al máximo mandatario de la entidad.

Junto con Peter Taylor se marchó al Brighton & Hove Albion, de la Tercera División, por donde pasó sin pena ni gloria durante una temporada, antes de aterrizar en el Leeds. En aquellos momentos, el conjunto de Elland Road era el mejor de Inglaterra tras haber ganado el título en el 74 y la F.A. Cup en el 72. Nada más entrar en el vestuario del Leeds fue muy claro con sus jugadores: “Hasta donde yo sé, podéis tirar todas esas medallas que habéis ganado estos años a la basura, ya que las ganasteis todas robando”.

Con la mayoría de la plantilla en su contra, el Leeds obtuvo unos resultados pésimos en el inicio del campeonato. Ello, y que su inseparable Peter Taylor no le acompañó en esta aventura, propició que 44 días después de su llegada el club le despidiera. “Hoy es un día espantoso… para el Leeds United”, señaló el técnico al conocer la noticia.

En el 75, ya con Peter Taylor a su lado, aceptó una propuesta del Nottingham Forest y logró que el equipo pasara de vagar por la Segunda División con muchos problemas a convertirlo en hasta dos ocasiones en campeón de Europa. De hecho, el Forest es el único equipo del Viejo Continente que tiene más copas de Europa que títulos de Liga en sus vitrinas. Antes de jugar la segunda final de la Copa de Europa, Peter Shilton, portero de aquel mítico equipo, recriminó a Clough las condiciones en las que se encontraban los campos de entrenamiento en los que preparaban el decisivo encuentro. Brian, ni corto ni perezoso, le dijo que le llevaría a un sitio perfecto y Shilton acabó en una glorieta con césped en el centro en medio de la carretera y con los coches pasando alrededor.

Y es que Cloguh tenía muy claro que el único que mandaba en el vestuario era él:”Si me discutiera un jugador nos sentaríamos juntos unos veinte minutos, hablaríamos del asunto y al final decidiríamos que yo tengo razón”. Por este tipo de cosas Clough recibió el apodo de Old Big ‘Ead (“viejo creído”), aunque él justificaba su mote: En ocasiones he sido un poco creído. “Creo que la mayoría de la gente lo es cuando pasan al primer plano. Me llamo a mi mismo Old Big ‘Ead sólo para recordarme no volver a serlo”.

Y es que si había una cosa clara es que su figura no dejaba indiferente a nadie. A ello, además de su excepcional trabajo como técnico, ayudaron ciertas frases célebres como: “Ya sé que Roma no se construyó en un día, pero es que yo no me encargué de ese trabajo” o “¿Qué si me considero el hijo de Dios en la tierra? No, ése es mi hijo”. A muchos, también, no les gustaba Clough porque continuamente criticó el juego directo a base de pelotazos que se desarrollaba en Inglaterra: “Si Dios hubiera querido que el fútbol se jugara en las nubes, no habría puesto hierba en el suelo”.

Brian dejó el Forest en el 93, después de que éste descendiera a Segunda y de que comenzaran a ser muy graves los problemas que tenía con el alcohol. Unas dolencias que provocaron su muerte en 2004 tras haberle realizado un transplante de hígado. Su funeral se celebró en el Pride Park Stadium, estadio del Derby County, debido a que la catedral de la ciudad se quedó pequeña para despedirle. Sin embargo, antes de morir dejó otras de sus múltiples perlas al referirse a Sir Alex Ferguson, uno de sus máximos detractores: “Por muchos caballos, títulos de caballero y campeonatos que tenga, el no tiene dos que yo sí que tengo. Y no me refiero a pelotas”. Se refería a que él había ganado dos copas de Europa y Ferguson entonces únicamente tenía una en su palmarés. Genio y Figura.

*Para todo aquel que esté interesado en Brian Clough recomendamos que vean el film  “The damned united”, en el que se refleja su paso por el Derby y el Leeds.



El derbi della Madonnina

Este pasado fin de semana el Inter asestó un golpe casi definitivo al Scudetto tras derrotar en el Giuseppe Meazza por dos a cero a su eterno rival de la ciudad: el Milan. El triunfo, además, ha servido para que los neroazzurri confirmen el cambio de tendencia en el partido por excelencia de Milano, pues en los últimos años han logrado quitar a los rossoneri la corona del derby “della Madonnina”.

A lo largo de toda la historia, Inter y Milan se han visto las caras en más de 260 ocasiones. La primera de ellas tuvo lugar el 18 de octubre de 1908 en la localidad suiza de Chiasso. El motivo de que ambos equipos jugaran en la ciudad helvética se debió a los orígenes del Inter.

El club presidido actualmente por Massimo Moratti fue fundado el 9 de marzo de 1908 por siete jugadores procedentes del Milan, Estos se quejaban de que los rossoneri no permitían jugar a ningún futbolista extranjero y por ello decidieron montar su propio club en el que sí que pudieran participar foráneos, de ahí lo de Internazionale.

Muchos jugadores de la primera plantilla de la historia del Inter eran suizos, por eso la primera vez que se vieron las caras con su eterno rival decidieron hacerlo fuera de Italia. Los colores elegidos para la camiseta fueron el negro y el azul. Negro como la noche y azul como el cielo al que aspiraban, señalaron los fundadores.

Pero volviendo a su rivalidad con el Milan, los equipos juegan desde el 3 de marzo de 1980 todos los derbys, el único de Europa que enfrenta a dos campeones del Viejo Continente, en San Siro, ya que hasta esa fecha el Inter jugaba todos sus partidos en el mítico “Arena”. El partido es denominado como el “derbi della Madonnina” en homenaje a la dorada estatua de la Virgen que desde lo más alto del “Duomo” preside y la ciudad de Milán.

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Luciano Re Cecconi, el ángel rubio

Uno de los equipos que más ha dado que hablar a lo largo de la historia del calcio italiano ha sido la Lazio de los 70. Aquel conjunto logró acabar con la supremacía que entonces tenían las escuadras del norte, sobre todo las de Milán y Turín. Sin embargo, el vestuario de esa Lazio era un auténtico polvorín dividido en dos bandos que se llevaban a morir  en el que lo típico era ver como los jugadores iban armados a los entrenamientos y a cualquier sitio. Uno de los pocos futbolistas normales de los romanos que se salían de este estereotipo fue Luciano Re Cecconi, el Ángel Rubio.

Luciano nació el uno de diciembre de 1948 en Nerviano, Milán. Como futbolista dio sus primeros pasos en el Pro Patria, de la Serie C, con el que debutó el 14 de abril del 68. Allí Carlo Regalia apostó fuerte por él y pronto logró hacerse con la titularidad. Aun así, fue Tommaso Maestrelli el que se encargó de esculpir al jugador. El técnico vio algo especial en aquel centrocampista que se había mostrado muy bien dotado físicamente pero que técnicamente todavía dejaba algo que desear.

Por esta razón, decidió ficharlo para el Foggia, de la Serie B, en el 68. Allí permaneció hasta el 72, año en el que nuevamente Maestrelli se volvió a acordar de él y lo reclutó para la Lazio, una escuadra que le presentaba el mayor resto de su carrera: intentar hacerse con el Scudetto. Allí se convirtió en lo que denominan en Italia como un “quatro polmoni”, un centrocampista que cubría todo el campo.

Re Cecconi se ganó en su primer año tanto a afición como a crítica y comenzó a ser apodado como el Ángel Rubio por su melena cobriza o como Netzer por su parecido con el futbolista alemán. Aquella Lazio se quedó a un paso de ganar en el 73 el título, pero si que logró que la Juventus mordiera el polvo en el 74, posibilitando de esta manera que la entidad romana sumara su primer Scudetto.

Sin embargo, el vestuario de aquel equipo pese a los éxitos en el campo era lo más parecido a la guerra civil. “Llevábamos pistola casi todos y había dos equipos distintos, ni nos veíamos en los hoteles. Si un grupo ya había utilizado un secador de pelo, por ejemplo, el otro no se atrevía ni a tocarlo. Eso sí, en el campo éramos sólo un equipo. Si en un partido alguien le hacía daño a Chinaglia o Wilson, que eran de su clan, Martini y los suyos se comían al que lo hubiera hecho. Luego, durante la semana, ni nos hablábamos”,  relata D’Amico, uno de los componentes de la escuadra romana.

De hecho, la Lazio no pudo participar en la Copa de Europa del 75 por una paliza que les dieron en el vestuario a los ingleses del Ipswich Town el año anterior. Finalmente, aquel conjunto campeón acabó desmembrándose y uno de los pocos que permaneció fue Lucianno, muy apreciado por todos por su carácter divertido y alegre. Algo que le iba a marcar para siempre.

El 18 de enero de 1977 se encontraba por las calles de Roma con Ghedin, un compañero de la Lazio, y con Giorgio Fraticcioli, un perfumero amigo de ambos. Cuando los dos jugadores se disponían a marcharse a su casa, el perfumero insistió en que se quedaran. “Vamos, ven conmigo, el tiempo para dejar un poco de algo para Tabocchini, el joyero, y estamos de vuelta. Cecco, tienes que contarme de nuevo lo que te dijo Picchio, ¿cómo hacer que se pierda el rigor? “.

Lucciano también conocía al joyero, que en los últimos meses había sufrido varios robos a mano armada. Por ello, cuando llegaron al establecimiento decidió gastarle una broma. “Fermi tutti. Questa è una rapina” (Quietos todos. Esto es un atraco), señaló el ángel rubio al entrar. Bruno Tabocchini se encontraba de espaldas, por lo que no había logrado ver a sus amigos.

Por ello, presa del pánico por los robos sufridos antaño, cuando se dio la vuelta desenfundó su pistola «Walther», con la que pegó un tiro que acabó en apenas veinte minutos con la vida del ángel rubio. Un mes más tarde, el joyero fue absuelto por un tribunal romano. El jurado decidió que Tabocchini actuó en estado de legítima defensa real pese a que el  fiscal Franco Marrone había pedido para él la condena de tres años de prisión. Fue el final más trágico para un equipo marcado por un estigma que parecía decidido a acabar con él. Por ello, el destino fue tan cruel: se prefirió llevar a aquel que siempre desenfundaba una sonrisa a un arma.



John Thomson, El Príncipe

En una época en la que la Scotish Premier League cada vez está más devaluada, pocos son los alicientes que tiene para poder plantar cara a las grandes ligas de Europa. El Old Firm, el partido que enfrenta al Celtic contra el Rangers, o lo que es lo mismo católicos contra protestantes, es de los pocos encuentros con los que los escoceses pueden sacar pecho. Uno de los jugadores que ayudó a incrementar la leyenda de este tipo de partidos fue John Thomson, el príncipe de los porteros.

John nació el 28 de enero de 1909 en Kirkcaldy, en la localidad de Cardenden, muy cerca de Glasgow, en el seno de una familia protestante que sufría para subsistir. Por ello, Thomson con quince años tenía que bajar todos los días a los pozos de Fife para llevar un salario a casa. Sin embargo, su sueño, como el de tantos otros, era el de ganarse la vida con su pasión.

Así comenzó su carrera en el Bing Boys, un equipo amateur en el que comenzó a ganarse fama de buen portero, lo que le valió para fichar por el Wellesley Juniors. Durante su estancia en este club, el azar quiso que los ojeadores del Celtic, ávidos por fichar a un portero, se quedaran prendados con sus paradas cuando estaban ojeando a un portero del equipo que jugaba contra el Juniors.

Sin embargo, su sueño de fichar por un equipo grande estuvo muy cerca de venirse al traste porque el Celtic, equipo que enarbola en Glasgow la bandera del catolicismo, dudaba sobre la contratación de Thomson por su condición de protestante. Finalmente, después de que el portero jugara a modo de prueba varios partidos amistosos con los verdiblancos, los ojeadores despejaron sus dudas: había que ficharlo sí o sí.

Thomson devolvió la confianza depositada en él convirtiéndose en uno de los mejores porteros del Viejo Continente. De hecho, los aficionados del Celtic le bautizaron con el nombre de “El Príncipe de la Portería” y encabezaba siempre la lista de jugadores preferidos por la hinchada.

John, además de con sus grandes actuaciones, se ganó este cariño demostrando siempre una gran fidelidad al club. “En la vida hay cosas más importantes que el dinero. ¿Qué hay más importante que el dinero? Pues…por ejemplo, está el Celtic de Glasgow”, señaló el meta en 1931, después de haber rechazado una astronómica oferta del Arsenal inglés.

Sin embargo, el cinco de septiembre de ese mismo año llegó su día más trágico. En esa fecha se disputaba el Old Firm en el Ibrox Park. Miles de aficionados poblaban las gradas y toda Escocia se encontraba paralizada para observar el acontecimiento. Con cero a cero en el marcador, en el minuto 50 Sam English se plantó solo ante el portero.

Aunque, cuando éste se disponía a armar un disparo, Thomson salió de su portería como una gacela dispuesto a atajar el esférico. Cosa que consiguió pero a un precio demasiado caro: la rodilla de English impactó de manera brutal contra la cabeza del portero y este último quedó tendido de manera inconsciente sobre el terreno de juego mientras sangraba de manera abundante.

Inmediatamente, Davie Meiklehojn, capitán del Rangers que había estudiado medicina, solicitó la entrada en el terreno de juego de las asistencias, que sacaron John del terreno de juego. Su puesto lo ocupó el centrocampista Chic Geatons, que, de manera increíble, logró mantener la portería de Thomson a cero.

Sin embargo, el público y los propios jugadores estuvieron en esos momentos más pendientes de otro partido, el que se estaba disputando en el Victoria Hospital, en el que John se jugaba la vida.

Pero no hubo suerte y los médicos certificaron la muerte de Thomson a las 9:25 de la noche. La noticia provocó una gran conmoción en todo el país y cerca de 30000 personas acudieron al funeral de El Príncipe. En el epitafio de su tumba se podía leer lo siguiente: “They never die who live in the hearts they leave behind” (Jamás mueren aquéllos que perviven en los corazones de quienes dejan atrás).

Y esta leyenda se cumplió, pues a día de hoy en Celtic Park cuando a los locales les cuesta sacar adelante un partido cantan lo siguiente: “Así que vamos, Celtic de Glasgow levántate y juega el partido que un fantasma permanece entre tus postes y John Thomson es su nombre”. No vivió todo lo que hubiera querido, pero la leyenda de Thomson permanecerá viva para siempre.



El Boxing Day
Diciembre 29, 2009, 3:24
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Durante el periodo navideño, el balón deja de rodar en casi todo el continente. Una excepción de ello es Gran Bretaña, especialmente Inglaterra, que con el Boxing Day (26 de diciembre) inicia una maratón de partidos con la que el público disfruta de sus días festivos.

El Boeing Day, el día de las cajas traducido al castellano, era conocido como el día de la navidad de los pobres. En esta fecha, los sirvientes de la nobleza británica recibían una caja con las sobras de la comida del día anterior que llevaban a sus familias para celebrar en San Esteban la Navidad con sus respectivas familias, ya que el 25 habían estado trabajando.

El 26, al no ser reconocido como día de fiesta religiosa, muchas de las personas que regresaban a sus respectivas casas aprovechaban el día para jugar partidos de fútbol, pues este deporte estaba considerado como uno de los que sólo practicaban los pobres. La tradición se arraigó y así en 1888, con la creación de la Federación Inglesa (FA), se disputaron los primeros partidos oficiales del boxing day de los que se tiene recuerdo: Bolton – Derby County (3-2) y el West Brombich Albion – Preston (5-0).

De ahí se derivó en una maratón de partidos en las fechas navideñas en las que se busca que se llenen los campos de la Premier y que las familias de Inglaterra disfruten del deporte rey como mejor se debe hacer: viendo los goles de sus ídolos.



Esajas, el hombre que hizo posible lo imposible

Si a día de hoy nos acercáramos a cualquier campo del mundo y preguntáramos a cualquier hincha por Harvey Esajas a buen seguro que la mayoría de ellos ni tan siquiera sabrían quien es. Sin embargo, su historia merece, cuando menos, ser contada. Sobre todo en esta época del año en la que muchos renuevan sus ilusiones y recuperan la fe en los imposibles.

Esajas nació en 1974 en Rótterdam y sus padres eran procedentes de Surinam. Harvey comenzó su carrera en las categorías inferiores del Ajax de Ámsterdam, donde labró una magnífica amistad con Clarence Seedorf. Sin embargo, el destino no quería que el holandés formara parte de la sensacional generación de principios de los noventa que se proclamó campeona de Europa con el Ajax en la que si estaba su amigo Clarence. Y es que Esajas fue traspasado en el verano del 93 al Feyenoord, eterno rival del Ajax.

 

En De Kuip las cosas no le fueron muy bien a Harvey, siempre mirado con lupa por proceder del Ajax y marcado por haber roto la mandíbula a un rival en amistoso de pretemporada. Así en tres temporadas únicamente jugó ocho partidos con el equipo rojiblanco. Por ello, en 1996, después de no haber disputado ningún encuentro en la 95/96 hizo las maletas rumbo al Groningen. Sin embargo, la diosa fortuna continuó siéndole esquina y las siguientes dos temporadas también pasó sin pena ni gloria por el Cambur y el Dordrecht.

Así hasta que en 1999 fichó por el Real Madrid debido a su amistad con Seedorf y comenzó a jugar en las categorías inferiores del club. Pero la mala suerte se volvió a topar con él. Y es que en invierno de ese mismo año Seedorf dejó el Madrid y puso rumbo a Milán. Ello fue determinante para que Esajas no renovara su contrato con el club blanco.

Así en el verano del 2000 fichó por el Zamora y en 2001 hizo lo propio con el Móstoles. Sin embargo, en la localidad donde nació Iker Casillas se rompió el tendón de Aquiles y decidió dejar de jugar al fútbol, cansado de ir dando tumbos y de no poder cumplir su sueño. Así comenzó a coleccionar trabajos de temporales de todo tipo: desde fregaplatos hasta empleado de circo. Su cuerpo se resintió de su nueva vida alejada de los terrenos de juego y engordó hasta alcanzar los 100 kilos.

 

Pese a ello, su vida cambió en 2002, cuando decidió ir a Milán a ver a su amigo Clarence Seedorf, que se había convertido en una superestrella. Entonces Seedorf le prometió que le conseguiría una nueva oportunidad en el mundo del fútbol y así logró que Esajas estuviera varias semanas a prueba en el Torino, primero, y en la Fiorentina después. Pero los dos equipos le rechazaron alegando que su lesión en el talón de Aquiles no estaba bien curada y que su metabolismo era demasiado grande.

Todo parecía perdido, pero Seedorf se encargó de hacerle un último favor más. El futbolista del Milan le colocó en el equipo primavera de los rossoneri, lo que en España conocemos como equipos filiales. La entidad milanista puso una condición: no le harían contrato hasta que Esajas volviera a parecer un futbolista. Esajas se lo tomó como un reto y trabajó como el que más hasta que perdió 15 kilos y el Milan le ofreció un año de contrato.

 

Era obvio que en uno de los equipos más grandes del mundo Harvey Esajas era la última opción que siempre manejaba Carlo Ancelotti a la hora de hacer las alineaciones. Sin embargo, Esajas era el más feliz del mundo cuando lograba entrar en una convocatoria. Así hasta que en un partido de Coppa contra el Palermo, cuando faltaban tres minutos para el final Ancelotti, decidió recompensar el duro trabajo realizado por Harvey y le dio entrada al campo por Ambrosini.

Únicamente fueron tres minutos, pero Harvey los disfrutó como si hubieran sido 90 y comprobó que todo trabajo tiene su recompensa. En ese tiempo le dio tiempo a dar una asistencia al danés Jon Dahl Tomasson y remató alto un balón a la salida de un córner. “Esajas lleva trabajando un año con una dedicación absoluta y merece un premio: hay que felicitar al chico por su fuerza de voluntad”, señaló Ancelotti al finalizar el partido.

Es más, Ancelotti le continuó recompensando y decidió que viajara junto a todo el equipo a Atenas a la final de la Liga de Campeones que jugó el Milan contra el Liverpool. El partido resultó de infausto recuerdo para los milanistas, pero Esajas siempre podrá presumir de haber pasado en unos años de ser fregaplatos a formar parte de la plantilla que se proclamó subcampeona de Europa en 2005. Por ello, cuando Harvey cuenta su historia la define como “el increíble cuento del hombre que hizo posible lo imposible”.



Quilmes y la bruja Dora

Hace unas semanas, la lesión que tuvo a Cristiano Ronaldo alejado de los terrenos de juego durante un mes hizo saltar a la fama a “Pepe el Brujo”. El hechicero señaló que el luso había caído en el dique seco porque un cliente así se lo había solicitado. Muchos señalaron entonces que entre las declaraciones del brujo y la lesión de CR9 únicamente había mucha casualidad. Sin embargo, no es el primer caso en el que el mundo de la brujería se inmiscuye dentro del mundo del fútbol.

El caso más celebre lo protagonizó el Quilmes argentino. Descendido en el 92, el conjunto cervecero, apodo con el que es conocido en Argentina, tenía todo en su mano para regresar a la máxima categoría en el 94. Sin embargo, la directiva quería tenerlo todo bien atado y por ello se acercó a la localidad de Chascomús para contratar los servicios de Dora, una bruja muy bien considerada. El trato que hicieron los directivos era sencillo: que el Quilmas ganara y que su máximo rival en la lucha por el ascenso, el Gimnasia y Esgrima, perdiera.

Para llevar esta operación a cabo, Dora pidió 4000 pesos, la mitad de ellos se les debería de apagar por adelantado. Los directivos aceptaron, pues sabían que en caso de que no se cumpliese lo acordado podían ir a recuperar su dinero a casa de Dora. Una vez cerrado el acuerdo, Dora les despidió a sus clientes con un esperanzador: “tranquilos, este fin de semana Gimnasia perderá 3-0”. Llegó el sábado y las palabras de Dora se cumplieron: Gimnasia encajó en casa un contundente 0-3. Sin embargo, el partido que Quilmes tenía que jugar contra el Deportivo Morón se suspendió a mitad del encuentro cuando los cerveceros ganaban por 2-1.

Dora se acercó entonces al club a por su dinero y los directivos le dijeron que no le iban a pagar porque sólo se había cumplido un 50% de lo acordado. Y es que pese a que Gimnasia no había perdido, Quilmes no había ganado. Entonces, Dora salió de la sede de la entidad con un enfado de los que hacen época y prometiendo que se iban a acordar de lo que le había hecho. En Quilmes no le hicieron caso y al final lo acabaron pagando.

Para empezar, Quilmes acabó perdiendo por 3-2 el encuentro contra el Deportivo Morón una vez se volvió a reanudar el partido y acabó perdiendo el ascenso. En 2001, después de haber perdido tres finales seguidas por el ascenso desde el 1994 los directivos de Quilmes decidieron tomar cartas en el asunto y pagar a Dora lo que le debían para acabar con la maldición que les mantenía vagando por la Segunda División desde el 92.

Sin embargo, cuando los directivos se acercaron a Chascomús no pudieron saldar su deuda porque Dora había fallecido. Entonces, decidieron llevarle un ramo de rosas a su tumba. Pero con el tiempo se demostró que la tumba en la que depositaron las flores no era la de Dora y, por ello, continuó la maldición. Esta finalizó en 2002. Ocho meses antes, un hincha de Quilmes se acercó a la auténtica tumba de Dora y le depositó un ramo de flores. Allí el aficionado le prometió que si tenía una hija le iba a poner Dora de segundo nombre a cambio de que Quilmes ascendiera. Casualmente, ocho meses después, aquel fan tuvo una hija a la que puso de nombre Dora y Quilmes, que desde descendiera en el 92 había perdido cinco finales, ascendió tras imponerse en una disputada final a Argentinos Juniors (1-0 y 0-0).



Arthur Friedenreich, el mayor enemigo de los porteros.

El fútbol es un ogro que, por mucho que no nos guste, se acostumbra a abandonar en el cajón del olvido a las figuras que hicieron grande este deporte al mismo tiempo que encumbra a otros que, con el paso de los años, también dejarán de atraer a los focos, como si de un bucle se tratase. El brasileño Arthur Friedenreich es un buen ejemplo de ello. Hace dos semanas la prensa señalaba que se cumplían 30 años del gol 1000 de Pelé. Muchos añadieron en sus noticias la coletilla de “el mejor goleador de la historia”. Sin embargo, este título honorífico corresponde a otro brasileño: Arthur Friedenreich, el mayor enemigo de los porteros.

Hablar de Friedenreich es sinónimo de hacerlo de goles. Según los números que maneja la FIFA, anotó 556 goles en 592 partidos. Sin embargo, esta estadística es errónea, fruto de la mala gestión de un directivo al que un día se le cruzaron los cables y que decidió tirar las actas correspondientes a los partidos de su club y, con ellas, la gloria y reconocimiento para Arthur.

Y es que, según una ardua labor de investigación llevada a cabo por los periodistas Mario de Viana y Alexandre da Costa, se considera que marcó 1.329 tantos en 1.239 partido Eso sin tener en cuenta que estos dos periodistas jamás llegaron a encontrar acta algunas sobre la actuación del delantero en los dos primeros clubes en los que jugó: el Germania y el Mackenzie. Arthur Friedenreich nació en 1892 en Brasil y fue hijo de Óscar Friedenreich, un comerciante e inmigrante alemán, y de Matilde, una afrobrasileña que lavaba ropa hijo de un alemán y una brasileña.

En la época en la que creció, el fútbol era considerado un deporte al que únicamente podían tener acceso las personas procedentes de clases altas y, sobre todo, blancas. Por ello, cada vez que jugaba al fútbol, Friedenreich se maquillaba con polvos de arroz para parecer bronceado, y no mulato, además de peinarse con gomina ocultando sus rizos, algo nada usual entre la gente de élite. Fuera de los terrenos de juego fumaba habanos, bebía coñac y vestía de manera elegante. Todo para dar sensación de ser un gentleman y poder desarrollar su gran pasión: jugar al fútbol.

Como futbolista, además de ser un consumado goleador, destacó por su depurada técnica y ser muy habilidoso.  En 1910 debutó en primera división con el Ypiranga. En 1914, con 22 años de edad debutó en la selección brasileña con una victoria 2-0 frente al club inglés Exester City. Con la seleçao continuó agigantando su fama de rompe redes. En 1919, un gol suyo dio a Brasil el triunfo en el II Suramericano de Selecciones, hoy conocida como Copa América. Aquella final jugada contra Uruguay es la más larga de la historia, pues la victoria de la verdeamarella llegó tras 150 minutos de juego, 90 reglamentarios y dos prórrogas.

Tras ese partido, le bautizaron como “El Tigre”. En Europa, su nombre comenzó a ser muy conocido a raíz de una gira que realizó con el Paulistao por Francia en 1925, en la que marcó 11 goles y fue bautizado por la prensa gala como “el Rey de Reyes”.. En 1932, se alistó en la Revolución Constitucionalista,  a la que donó sus trofeos, medallas y premios. Finalmente, se retiró en 1935 a los 43 años. Murió en 1969, a los 77 años, víctima de la arterioesclerosis.

Aunque antes de su muerte, algunos grandes futbolistas como Pelé le señalaron como su maestro. Hay que destacar que, en vida, siempre se opuso al profesionalismo en el fútbol. Le daba igual el dinero, sólo le importaba el amor a unos colores. Para él no había medallas, sino hambre de gloria. Una gloria que siempre le llegó de la misma manera: marcando un gol.



Robert Enke, el miedo al fracaso y el amor a una vida

El medio al fracaso alguna vez ha atenazado a todo ser vivo que se precie. Pasando por el más indeciso hasta el más seguro, todos en algún momento de nuestra vida nos hemos visto amenazados por las dudas de no poder lograr el objetivo propuesto o, simplemente, superados por el éxito que pretendíamos alcanzar. Sin embargo, el problema no está aquí. La situación comienza a ser grave cuando el miedo al fracaso te domina y te gana la partida. Un ejemplo de ello es Robert Enke, quien dijo adiós con el éxito ya en la mano pero con el miedo a un mayor golpe de fracasar todavía en la mente.

Enke nació en la antigua RDA y nunca copó las portadas de los periódicos como principal protagonista, aunque tampoco lo buscó. Únicamente quería disfrutar de la vida y el fútbol. Tras unos inicios un tanto complicados, el meta logró fichar por el Barcelona en verano de 2002 después de muchos años de trabajo en los que pasó por el Benfica, Borussia Mönchengladbach y el Carl Zeiss Jena. Sin embargo, el alemán no sabía que en ese momento había comenzado el inicio de su fin.

Enke era una persona muy disciplinada y, como todos, ambicionaba el éxito. Sin embargo, cualquier detalle, por mínimo que fuera, que desviaba algo el camino hacia la ansiada cima era un golpe para el meta. Así, en plenas negociaciones con el Barça, hubo un momento en el que las relaciones estuvieron casi rotas y, con ellas, frustrada su llegada al Camp Nou. La posibilidad de que finalmente se viera trabada su llegada a uno de los grandes de Europa comenzó a solar a un Enke  que no paraba de preguntarse por qué se había llegado a ese punto. Qué era lo que había hecho él mal. El miedo al fracaso comenzó a pasar por su puerta y consigo trajo los indicios de una depresión que acabaría con su vida. 

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Aunque, como ya he comentado antes, finalmente Robert logró recalar en la Ciudad Condal en el verano de 2002. Tras una pretemporada en la que disputó por hacerse con la portería blaugrana junto con Roberto Bonano y Víctor Valdés, Louis Van Gaal decidió alinear como titular, contra todo pronóstico al jovencísimo Valdés dejando a Enke en el banquillo y a Bonano en la grada. Para el alemán esto no fue más que otro duro revés que comenzaba a quebrantar su confianza. Sin embargo, el portero tenía la Copa para demostrar que era lo suficientemente válido como para ser titular en aquel equipo.

La primera eliminatoria del torneo del ko, a partido único, deparó el enfrentamiento del Barcelona con el débil Novelda de 2ªB. Pero lo que en un principio parecía un trámite se convirtió en una pesadilla. Tres goles de Madrigal dieron el triunfo por 3-2 al Novelda y dejaron fuera de la competición al Barça. Entonces Van Gaal le puso la cruz y apenas volvió a contar con él. Tanto que Bonano, en un principio tercer portero, acabó haciéndose con la titularidad.

En enero de 2003, Van Gaal fue cesado y su lugar en el club lo ocupó Radomir Antic. Sin embargo, el serbio prefirió seguir contando Bonano. Aun así una expulsión propició que el alemán pudiera demostrar a Antic que verdaderamente servía para el Barcelona. Pero no aprovechó el guiño que le hizo el destino y, tras encajar dos goles contra Osasuna, Radomir también le puso la cruz y acabó la temporada en la grada. Aalgo que no hizo más que hundir a Enke.

En verano de 2003, el Barça le comunicó que no contaba con él y tuvo que hacer las maletas rumbo al Fenerbahçe. Pero en Turquía no hizo que languidecerse aún más y su depresión no hacía más que aumentar. Cada balón que se le acercaba a su portería era una auténtica pesadilla. ¿Sería capaz de atraparlo? ¿Si le encajaban un gol significaba que ya no servía para el fútbol? ¿el no triunfar significaba que era un fracasado?

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Pese a ello, Enke comenzó a recuperar la sonrisa en enero de 2004, cuando fue cedido por el Barcelona al Tenerife. En Canarias, además, el meta llegó a afirmar que allí había encontrado verdaderos amigos, no como en su época en el Barça. Esta experiencia fue clave en su  recuperación, pues tras dejar el conjunto chicharrero firmó en junio por el Hannover 96, donde relanzó su carrera. Tanto que llegó a ser convocado por la selección alemana y se rumoreó con su fichaje por el Bayern de Munich.

Sin embargo, la diosa fortuna, siempre tan caprichosa, le volvió a golpear justo cuando mejor se encontraba. Y es que hace tres años su hija Lara, de dos años de edad, murió como consecuencia de una dolencia cardiaca congénita. Este hecho hizo que el fantasma del fracaso volviera a aparecer en la vida de Enke. ¿Qué es lo que había hecho mal? ¿Por qué era tan cruel el destino con él?, se preguntaba una y otra vez el teutón. Este hecho hizo que cada gol que encajaba se convirtiera en una odisea para él, pues significaba que seguía fracasando. Además, cada mañana la pérdida de la pequeña Lara parecía más insuperable Aun así delante de los amigos parecía estar bien y nadie hacía presagiar su trágico final, pese a que por dentro estaba totalmente destrozado. Así hasta que llegó un momento que dijo basta y no le quedaron más fuerzas que para escribir una carta y poner punto y final a una vida en busca de otra en la que sabía que el fracaso nunca le volvería a amenazar: la de Lara. DEP

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