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Sindelar, “El Mozart del fútbol”

Hoy en día, hablar de Austria no es sinónimo de hacerlo de una gran potencia futbolística. Más bien podríamos decir lo contrario. Sin embargo, hubo un tiempo en el que la selección austriaca fue temida por todos y tenía un jugador que destacaba por encima del resto: Mathias Sindelar, el Mozart del fútbol.

Sindelar nació en 1903 en la región de Moravia, actualmente en la República Checa y por aquel entonces territorio del Imperio Austrohúngaro. Desde muy joven apunto maneras de ser un gran futbolista. De hecho, debutó en la Primera División en 1918, con sólo 15 años, con el Hertha de Viena mientras trabajaba a la vez como aprendiz de mecánico.

Sin embargo, una grave crisis financiera arruinó al club y éste tuvo que desparecer. Por ello, Sindelar se marchó al Austria Viena, donde consiguió sus mayores éxitos a nivel de clubes. Sus grandes actuaciones hicieron que recibiera el sobrenombre del “Mozart del fútbol” o “el hombre de papel”. Pese a ello, donde más destacó fue en la selección austriaca. Dirigida por Hugo Meisl y con jugadores como Sindelar, Platzer, Schall y Vierti, Austria recibió el apodo de “Wunderteam” (equipo maravilla).

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En el Mundial de 1934 iban camino de hacer historia hasta que en semifinales se toparon con el anfitrión, que les dejó fuera de la final tras un bochornoso arbitraje. Desde el principio del campeonato estaba claro que ese Mundial iba a quedarse en Italia y ni Sindelar ni nadie pudo evitarlo.

 Así de claro lo dejó Benito Mussolini antes de comenzar el torneo en una charla con el general Vaccaro, presidente del Comité Olímpico de Italia:

 BM-General, Italia debe de ganar este Mundial que se juega en nuestra casa

V-Haremos todo lo posible, Duce

BM-Creo que usted no me ha entendido bien, general. He dicho que Italia debe ganar este Mundial. Tómelo como una orden.

Aun así, Sindelar y sus compañeros supieron reponerse al golpe y lograron la medalla de plata en los JJ.OO. de Berlín en 1936 sin pensar que sus tiempos felices estaban cerca de acabarse. En 1938, el ejército nazi invadió Austria, anexionándola a Alemania, el Anschluss. Entonces se obligó a los jugadores austriacos a que formaran parte de la selección alemana.

A Hitler el fútbol no le importaba mucho y, si por él hubiera sido, habría acabado con todos los jugadores de aquella magnífica selección. Sin embargo, el fracaso en los JJ.OO. de Berlín y las palabras de Joseph Goebbels -“Ganar un partido es más importante para la gente que capturar una ciudad del Este”-, acabaron por convencer al dictador y Sindelar fue llamado para defender los colores alemanes.

A Sindelar no le hacía ninguna gracia jugar con otra selección que no fuera la austriaca y, sobre todo, defender a un régimen al que se oponía. El fino futbolista sabía que el renunciar públicamente a la selección alemana era sinónimo de traición y que sus días estarían contados. Por ello, siempre que fue convocado simuló lesiones para no poder jugar.

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Para celebrar el Anschluss, el 3 de abril de 1938 se disputó un partido entre alemanes y austríacos, a los que le denominaron “Marca Oriental”. Sindelar accedió a disputar el encuentro, aunque antes de comenzar el partido las autoridades germanas les advirtieron que como no se dejasen ganar tendrían que atenerse a unas fatales consecuencias.

Comenzó el partido y durante la primera parte Sindelar no marcó pero hizo algo que les sentó peor a los nazis: les despreció. Sindelar cogía el balón y se regateaba a todo aquel que se interpusiera en su camino, llegaba a la portería, se daba la vuelta hacia el medio campo y volvía a comenzar otra vez.

Así fue hasta que en el minuto 70, en el que Sindelar marcó un auténtico golazo de vaselina que celebró bailando delante de las autoridades germanas. El público enloqueció y comenzó a gritar  “¡¡Österreich, Österreich!!” -¡Austria, Austria!-. Aunque el clímax de la cita llegó con el partido cerca de la conclusión. Sesta marcó el 2-0 desde el medio del campo y Sindelar se dirigió al palco de autoridades, repleto de dirigentes del III Reich, esperó a su amigo y bailó un vals.

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Los dirigentes alemanes no podían consentir tal humillación y, por ello, ordenaron a la GESTAPO que persiguiera a Sindelar y lo matara. Sindelar tuvo que esconderse y el 23 de enero de 1939, días después de que un compañero delatara su paradero, su cuerpo fue hallado muerto junto al de su novia.

Las causas de su muerte, aún hoy, no son claras. Algunas versiones apuntan a un suicidio mediante una inhalación de gas y otras a un accidente. A su entierro acudieron miles de personas y, actualmente, su tumba sigue siendo de las más visitadas en Austria. Se le homenajeó poniendo a una calle el nombre de Laaerberga Sindelarstrasse y el poeta Fiedrich Torberg le dedicó una “oda a la muerte de un futbolista”:

 

Jugaba al fútbol como ninguno,

ponía gracia y fantasía,

jugaba desenfadado, fácil y alegre,

siempre jugaba y nunca luchaba.

Era un hijo de Favoriten

y se llamaba Matthias Sindelar.

matthias3-post

  1. junio 20, 2013 a las 14:08

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