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Varallo y el adiós a la esencia del fútbol

Al fin ya dieron comienzo todas las grandes ligas del mundo. Sin embargo, esta temporada el balón no va a rodar como antes. Falleció Francisco Varallo, el último superviviente de la final del Mundial de 1930, y con él se fue un pedazo de la historia del fútbol. Un trozo de una época que hoy añoran los más románticos: no había en juego ni dinero ni medallas, sólo hambre de gloria.

Varallo nació el cinco de enero de 1910, aunque su primera reacción con el balón, aquel que tanto le quiso durante su carrera, fue de desamor. Sus padres le regalaron uno cuando era muy pequeñito y éste se le acomodó a su pierna buena y disparó contra la pared. Lo hizo tan fuerte que reventó aquella pelota. Este hecho hizo que llorara desconsolado sin saber, inocencias de la niñez, que aquel día había comenzado a forjar una leyenda.

Y es que si algo caracterizó a Varallo fue la potencia con la que disparaba. Por esto recibió el apodo de cañoncito.  Francisco dio sus primeros pasos en el club 12 de octubre, de su querido barrio de Los Hornos. Sin embargo, éste pronto se le quedó pequeño y de ahí pasó a Gimnasia, donde ayudó a que los lobos lograran el primer y único título que tienen hasta la fecha. En 1930, Mario Sureda, delegado de Gimnasia, confió en él y lo propuso ante los miembros de la Federación, que eran quienes por entonces elegían a los jugadores, para que disputara el Mundial del mismo año. Así finalmente fue incluido en el equipo que viajó a la otra orilla del Río de la Plata.

Un golpe del chileno Subiabre provocó que llegara entre algodones a la final del Mundial. La albiceleste le forzó a jugar, desaconsejando los consejos de los médicos, y el resultado fue que Varallo, que apenas podía andar, se tuvo que retirar casi de inmediato. Sin embargo, con apenas 20 años que tenía entonces su estrella comenzó a emerger.

Tras el Mundial jugó en Velez y Boca Juniors. En ambos tuvo un papel destacado. Sobre todo con los Xeneices, con los que consiguió realizar 181 goles. Una cifra récord que hace poco fue superada por Martín Palermo. Aun así, el mundo del fútbol le está agradecido. Cuentan que hoy la pelota se ha declarado en huelga. Con la muerte de Varallo éste se ha llevado un pedazo de historia al cielo, la última que quedaba del fútbol más romántico.  Aquel en el que la pelota era la única protagonista y en la que jugadores como Varalla pueden permitirse el lujo de despedirse como cantan Los tangos de Carlos Gardel:

Dos lágrimas sinceras derramo en mi partida

por la barra querida que nunca me olvidó,

y al dar a mis amigos mi adiós postrero

les doy con toda mi alma, mi bendición.   

  1. septiembre 7, 2010 a las 2:57

    Que descanse en paz Varollo!!

  2. septiembre 26, 2012 a las 19:39

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