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Dzeko, el 9 que regateó a la bombas

Su nombre está subrayado en rojo en las agendas de los equipos más importantes de Europa. Su imagen aparece de manera continua en las portadas de los periódicos deportivos más importantes del viejo continente. No cabe duda de que hablamos de Edin Dzeko, uno de los jugadores de moda de la actualidad. Sin embargo, no siempre la vida ha sido una cuestión de vino y rosas para el espigado delantero del Wolfsburgo.

Dzeko nació en 1986 en una humilde familia bosnia y desde pequeño se tuvo que acostumbrar a crecer entre los constantes bombardeos de la Guerra de los Balcanes. De hecho, su casa fue destruida y él tuvo que mudarse junto con sus padres al domicilio de sus abuelos, lugar en el que en apenas 35 metros cuadrados llegaban a vivir 15 personas. Sin embargo, el balón nunca se separó de Edin y éste le ayudó a evadirse de la triste realidad que le rodeaba.

 

Sus cualidades futbolísticas no pasaron desapercibidas para sus compatriotas y el Zeljeznicar no tardó mucho en incorporarle a sus filas. Sin embargo, allí no era feliz porque jugaba lejos del área, lejos del gol. Por ello, se marchó cedido al Ustí nad Labem, de la segunda división checa. Allí tampoco encontró su fútbol, pero el Teplice se encaprichó de él y decidió abonar 50000 euros al Zeljeznicar para ejecutar su fichaje. En el Teplice viendo sus cualidades físicas, mide 1,92 metros, decidieron adelantarle su posición porque veían en él cierto aire a Jurguen Koller.

La operación no les pudo salir mejor, pues, pese a que Dzeko no se parecía en nada a Koller, ya que es mucho más técnico, comenzó a ver puerta con facilidad. Tanto que en el verano de 2007 Felix Magath no dudó en pagar cuatro millones de euros para llevárselo al Wolfsburgo. En la Bundesliga acabó por explotar sus cualidades técnicas, buen remate de cabeza y juego de espaldas a portería junto a un gran uno contra uno, y, como no, también goleadoras. De hecho, posiblemente sea el futbolista que más se parece a Zlatan Ibrahimovic, aunque, afortunadamente, no tiene el inmenso ego del sueco.

Junto al brasileño Grafité formó una de las mejores duplas atacantes de Europa y logró que el Wolfsburgo conquistara su primera Bundesliga, algo que antes de su llegada parecía imposible. Como era esperar, el interés de los grandes por sus servicios no se hizo esperar y Milan, Juventus o Bayern de Munich llamaron a su puerta. Todos recibieron el no por respuesta. El Wolfsburgo le prometió tras la mala temporada pasada volver a armar un equipo campeón y, para ello, ficharon a Diego. Sin embargo, los resultados no acaban de llegar y él se empieza a cansar. El Real Madrid es el que ahora pregunta por él y Dzeko desea poner rumbo a Madrid. Considera que el riesgo de regatear bombas debe de tener un gran premio: el Santiago Bernabéu.

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