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Zamora, El divino

El fútbol, en ocasiones, es sabio. Sabe escoger de manera meticulosa quiénes van a comenzar a formar parte de su firmamento. Sin embargo, como todo en la vida, también tiene su lado oscuro. Las estrellas llega un momento que dejan de brillar y sólo lucen en las hemerotecas, el único lugar en el que quedan grabadas sus gestas. Es el caso de Ricardo Zamora, al que muchos hoy sólo recuerdan porque da nombre a un trofeo en lugar de por sus grandes paradas.

El pasado 21 de enero se cumplieron 110 años de su nacimiento y merece la pena repasar su historia. No era fácil vivir en aquella España de principios del siglo XX. Por ello, el padre de Ricardo quería que su hijo fuera médico. Sin embargo, el balón hechizó a Zamora desde el primer momento en el que se cruzó en su vida y decidió ser futbolista. Algo sorprendente en aquel tiempo, pues no existía el profesionalismo, y que llamó aún más la atención porque Ricardo tenía claro que él quería jugar en el puesto en el que todos evitaban hacerlo: el de portero.

Así dio sus primeros pasos en el Universitary, aunque pronto el Espanyol le echó el lazo y, con apenas 15 años, debutó con el primer equipo. No fue casualidad que comenzara a jugar tan pronto en la élite. De hecho, cuentan los más viejos del lugar que la primera vez que se enfrentó al Real Madrid los blancos se llegaron a preguntar si era realmente aquel guardameta que atrapaba todo era humano, porque en lugar de detener balones volaba a por ellos. Sus paradas prodigiosas le comenzaron a convertir en un ídolo de masas. Por ello, el Barcelona no tardó en cerrar su fichaje y fue llamado por la selección para jugar los JJ.OO. de 1920.

Allí, en Amberes, se ganó el apodo de “El Divino” o “Il Miracoloso”, como le bautizaron algunos cronistas italianos, ya que ganó una gran fama internacional. Además, a partir de ahí se comenzó a decir la famosa frase de “uno a cero y Zamora de portero”. El meta intentó aprovechar la situación para pedir un aumentó de sueldo al Barça, algo que los azulgranas le negaron. Por ello, decidió volver al Espanyol.

Los periquitos intentaron sacar partido de su estrella mediática y cerraron una gira por Sudamérica en el verano de 1926. Al otro lado del charco las increíbles estiradas del portero continuaron asombrando a propios y extraños. Tanto que el periódico uruguayo “El País” prometió recompensar con una medalla de oro al jugador que fuera capaz de marcar a aquel portero que parecía imbatible. El que tuvo dicho honor fue un delantero del Peñarol llamado Piendibene.

El ariete fue considerado como un héroe por haber realizado dicha gesta e, incluso, logró dejar en el olvido a los jugadores del Nacional de Montevideo, eterno rival de Peñarol, que habían sido claves para que Uruguay ganara los JJ.OO. de 1924. Piendibene se casó al poco tiempo y un empresario decidió regalarle una casa como homenaje a su gol. Por ello, a España llegó el falso mito de que recompensaban con un chalet al que batiera a Zamora.

La guerra civil, y su apoyo a la derecha, terminaron con la estrella del meta, pues tuvo que emigrar a Niza a disputar allí sus últimos días como futbolista. Aunque antes escribió su epílogo en el Real Madrid, en el que jugó durante un tiempo. De hecho hay quien aún hoy opina que el primer galáctico de la historia del equipo blanco fue “El Divino”.

Y es que jugar con Zamora era hacerlo con ventaja. Todo el mundo lo sabía. De hecho, cuenta Alfredo Relaño que cuando Stalin supo que se había implantado la república en España preguntó quién iba a estar al frente de ella. Alcalá-Zamora, le contestaron. “¡Ah, el portero de fútbol!”, comentó el ruso. Y es que no cabe duda de que la figura de Zamora era conocida en todo el mundo.   

  1. enero 28, 2011 a las 1:26

    Grande Zamora, siempre en nuestros corazones! Saludos!

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  2. febrero 2, 2011 a las 2:06

    Uno de mis puntos débiles es la historia, por lo que son unas clase leer tus crónicas.

    Un saludo.

  3. Teresa Varas Flores
    febrero 17, 2011 a las 2:21

    De Santiago de Chile, específicamente de un admirador de El Divino, ex arquero de la selección chilena, (legendario MARIO OJEDA) envía un recordatorio para el señor Ricardo Zamora. Mario Ojeda,mantiene en Santiago una Escuela de Arqueros (desde hace 35 años, la primera en Latinoamérica. Feren Puzkas, grandísimo delantero – mediocampista- visitó esta Escuela cuando fuera entrenador de nuestro famoso Colo-Colo.
    ¡Felicitaciones por el memorial! (Teresa, esposa de Mario Ojeda, actualmente de 76 años)

  4. septiembre 23, 2012 a las 9:08

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