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Romerito, el Chygrynskiy de Cruyff

Romerito

Se suele decir que todos los genios se equivocan y el fútbol es una clara ventana en la que podemos observarlo. Así hemos podido ver como técnicos de nivel y de gran currículum fichaban como si fueran estrellas a jugadores que luego resultaron ser una auténtica calamidad. A Josep Guardiola, por poner un ejemplo cercano, muchos le criticaron por contratar a Chygrynskiy. La razón de la llegada del ucraniano al Camp Nou quizás se deba a que Guardiola aprendió del libro de estilo de Johan Cruyff las cosas buenas…. y también las malas. Y es que el holandés durante su etapa como entrenador culé también tuvo a su Chygrynskiy particular: Romerito.

Corría el mes de marzo de 1989 y el Barça, más por matemáticas que por sensaciones reales, aún tenía opciones de arrebatarle el liderato de aquella liga al Real Madrid. Sin embargo, Bakero, pieza básica en el equipo de Cruyff, se lesionó y el holandés comenzó a mover cielo y tierra para encontrar un sustituto de garantías. Ante la imposibilidad de fichar a un jugador español, el Barça se lanzó al mercado internacional a por su nuevo crack, ya que entonces se permitían tener tres extranjeros por plantilla y los catalanes disponían en aquel momento sólo de dos: Aloisio y Lineker.

En la prensa comenzaron a salir nombres a tutiplén y operaciones millonarias. Una de las más llamativas fue la que colocaba a Marco Van Basten en el Camp Nou a cambio de 1.400 millones de pesetas que el Milan, el club en el que jugaba el ariete, invertiría en contratar a Vialli (Sampdoria) y Butragueño. Michael Laudrup acaba esa temporada contrato con la Juventus y también sonó con mucha fuerza, al igual que Ronald Koeman, entonces en el PSV Eindhoven.

La secretaría culé, según apunta la prensa de la época, también preguntó al Boavista por Joao Pinto, que entonces militaba en el Boavista y era una de las mayores promesas del fútbol europeo tras haber realizado un magnífico mundial junior en Arabia. Sin embargo, los azulgranas desistieron de su contratación al conocer que los lusos pedían 80 millones de pesetas por su joven estrella. Entonces todas las miras se pusieron sobre el uruguayo Enzo Francescoli. Sin embargo, cuando todos los periodistas trataban de averiguar por cuánto cerraría el Barcelona la cesión con el futbolista del Racing de Paris, Cruyff soltó una bomba: el Barça ya había cerrado el fichaje que tanto ansiaba.

El jugador contratado en cuestión fue Romerito, un paraguayo de casi 30 años semidesconocido en Europa y por el que los azulgranas pagaron 40 millones de pesetas al Fluminense brasileño. Cruyff se vanaglorió de haber llevado la operación en el más puro secreto y destacó que conocía a su nuevo de crack de cuando había jugado contra él en los Estados Unidos y que fue el tercer jugador más valioso del Mundial juvenil disputado en Tokio en 1979, detrás de Diego Armando Maradona y el ex azulgrana Rojo. Además de que había sido designado como futbolista del año en Sudamérica en 1985.

El primer partido de Romerito con la casaca blaugrana era un encuentro con mayúsculas: un clásico contra el Real Madrid. Los días previos a su disputa, Romerito, en aquellos momentos el ojito derecho de los medios por ser “el nuevo”, destacaba que él no tenía miedo a los blancos porque ya les había ganado un verano en un trofeo Teresa Herrerra.

Finalmente el debut del paraguayo resultó un auténtico fiasco, como los siguientes partidos que jugó. De hecho, con Romerito en el campo al Barça le costaba un mundo marcar. Por ello, cuando al poco tiempo se lesionó y los azulgranas se recuperaron de su sequía goleadora comenzó a correr la leyenda de que Romerito era un gafe, que con él sobre el terreno de juego los culés eran incapaces de anotar un tanto. Al terminar la temporada, tras haber jugado seis partidos con el equipo catalán y haber marcado un gol, precisamente en su último partido, Cruyff le enseñó la puerta de salida del Camp Nou.

Su carrera tras su marcha de la Ciudad Condal fue de mal en peor hasta que decidió colgar las botas en 1992. El único consuelo que tuvo es que los hinchas del Fluminense le designaron como el mejor jugador de su historia. Años más tarde se hizo cantante e, incluso, se llegó a meter en el mundo de la política en su país. Sin embargo, en España siempre será conocido como uno de los pocos renglones torcidos de Cruyff. El Chygrynskiy particular de Johan. 

 

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