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El Rapidgeist

El fútbol guarda dentro de sí historias muy curiosas. Una de las más llamativas es la del Rapidgeist, el espíritu del Rapid de Viena. El mismo que ha convertido al club austriaco en el único capaz de poder presumir de algo que nadie ha podido lograr: ganar la liga de dos países diferentes, Austria y Alemania.

Esta circunstancia se debe a la anexión de Austria por parte de la Alemania nazi en el año 1938, en lo que fue conocido como el Anschluss. Tras esta unión, los clubes austríacos fueron incorporados al campeonato nacional alemán y participaron tanto en la competición de liga como de copa germanas. Contra todo pronóstico, el Rapid sorprendió a propios y extraños al ganar la liga en 1941.

Hay que señalar que en aquellos tiempos la Bundesliga no existía, no se creó hasta el año 63, y el sistema de competición era distinto al actual. La competición liguera se llamaba Gauliga y los equipos se dividían en grupos dependiendo de su región, o Gaus, que era como se conocían. Todos los equipos de cada Gaus se enfrentaban en una liguilla entre sí, y el campeón de cada región pasaba a la siguiente eliminatoria.

El Rapid logró el pase a la siguiente fase con holgura, pues el equipo vienés logró marcar la friolera de 82 goles en 18 partidos. La segunda ronda estaba compuesta por cuatro grupos de otros tantos equipos y el campeón de cada uno se clasificaba para las semifinales. El Rapid superó la liguilla y se metió en la gran final tras derrotar por 2-1 al Dresdner SC en penúltimo paso para poder proclamarse campeón de Alemania.

La final se disputó el 22 de junio de 1941. Aquel día Alemania inició la Operación Barbarroja, una de las más importantes de su historia que tenía como objetivo atacar a la Unión Soviética. Sin embargo, el pueblo alemán aquel día solo tenía ojos para ver el choque entre Schalke 04 y Rapid de Viena que dirimiría quien iba a ser el ganador de la Gausliga. Además, el partido tenía el morbo añadido de que los alemanes deseaban ganar al Rapid para demostrar que eran una raza superior y los austriacos tenían la esperanza de que un triunfo sobre el Schalke sirviera para demostrarle al mundo que se podía derrotar al nazismo.

Con el estadio lleno a reventar el partido comenzó mucho mejor de lo que cualquier hincha germano hubiera imaginado: a los siete minutos ya ganaban 2-0 y los alemanes gritaban enfervorizados los goles mientras se relamían por la posible goleada que pensaban iban a endosar al Rapid. Ya en la segunda mitad llegaron al éxtasis cuando en el 58 subió el 3-0 al marcador.

Todo parecía perdido para el Rapid. Sin embargo, los austriacos lo vieron tan difícil que hasta vieron posible la remonta. De hecho, en tres minutos locos lograron llevar el empate al electrónico y, ya en el 70, culminaron el milagro haciendo el 4-3. El campo que hacía unos minutos era una fiesta se convirtió en un velatorio y un mar de lágrimas que se desbordó sobre todo cuando el árbitro decretó el final del encuentro y, por tanto, el triunfo del Rapid.

En Alemania no sentó muy bien esta derrota, tanto que a los jugadores austriacos que osaron derrotar al Schalke fueron enviados a luchar al frente ruso en primera línea de batalla. Sin embargo, la afición del Rapid aún sigue recordando a sus héroes y cuando el equipo vienés no las tiene en todas consigo les piden que emulen el Rapidgeist, el espíritu que llevó al equipo verdiblanco a lograr lo imposible y ser recordado para siempre.

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