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Lucendo, el renglón torcido de Cruyff

La historia está llena de casos de “lo que pudo ser y al final fue”. Jugadores que en sus inicios prometían mucho pero que luego al final se quedaron en futbolistas del montón. Sin embargo, pocos casos hay como Lucendo, un jugador que apenas tuvo tiempo para demostrar “lo que pudo haber sido”. Un ataque de entrenador de Johan Cruyff le hizo titular de todo un Barça con apenas 19 años. Aunque, para su desgracia, su paso por la Primera División fue tan rápido como su ascensión al primer equipo culé.

Lucendo nació en el pueblo de Pedro Muñoz, Ciudad Real, pero al año su familia se trasladó a Cornellá, Barcelona, donde se crió. Allí comenzó su pasión por el fútbol jugando en el equipo de su colegio: el San Ildefonso. En la escuela comenzó a destacar, tanto que el Barcelona se fijó en él y decidió incorporarlo a sus categorías inferiores. Sin embargo, en medio de la felicidad por unirse al conjunto culé Lucendo ni se imaginaba la cruel jugada que le tenía guardada el destino.

Con 19 años, Lucendo jugaba en el equipo amateur del Barça, lo que vendría a ser un Barcelona C, y un día cuando se disponía a entrenar con sus compañeros su técnico le dijo que no lo hiciera, que tenía que hablar con él. Nuestro protagonista se pensó que el mister le quería echar del equipo. En esos momentos estaba haciendo la MILI, el servicio militar obligatorio que tenían que hacer en España antes los jóvenes, y Lucendo se había perdido un importante número de entrenamientos. Sin embargo, para su sorpresa, el técnico le dijo que hiciera el petate, que el primer equipo, dirigido por Johan Cruyff, le esperaba para jugar un par de amistosos.

Cruyff, dado a utilizar en los partidos de pretemporada un equipo en cada periodo, necesitaba un jugador y, teniendo en cuenta que el Barça B estaba de viaje, decidió echar mano del amateur. Lucendo jugó contra el Figueres y el Palamós, partidos que perdió el Barça, y pensó que su historia en el primer equipo, de momento, se había terminado ahí. Sin embargo, Johan le incluyó en la lista para el primer partido de liga y, posteriormente, le puso de titular dejando en el banquillo a Eusebio y en la grada a Ernesto Valverde.

Así el dos de septiembre de 1989 saltó al José Zorrilla con la zamarra azulgrana y el número siete a la espalda. Sin embargo, pese a que no desentonó en los 57 minutos que jugó, el Valladolid dio un repaso al Barcelona, al que derrotó por dos a cero. Ahí comenzó a desvanecerse el cuento de hadas de Lucendo. Pasó de ser un jugador prometedor a una puesta disparatada de Cruyff de la noche a la mañana. Y es que la prensa le utilizó a él para atacar al técnico holándes y Lucendo, tal y como relató a El País, sufrió mucho: “Cuando el árbitro pitó el final ya me temí lo peor”. Cruyff se acercó a él en el aeropuerto y le dijo: “¡Tranquilo. Tú no tienes la culpa de nada.”‘. “Pero comencé a leer los diarios y me hundí. El primer día sólo se criticó al equipo, pero al segundo y tercero se metieron conmigo. Parecía como si yo llevara en aquel partido todos los números, cómo si yo hubiera sido el único en jugar”.

Para su desgracia, las mofas a Lucendo no acabaron ahí. El jugador regresó al equipo a amateur y en cada campo que jugaba le recordaban su triste paso por el Barça. Cruyff, pese a sus palabras de aliento en el aeropuerto, no volvió a contar para el holandés, que ni tan siquiera lo volvió a convocar, y al año siguiente se marchó cedido a la Real Balompédica Linense. Allí el gafe le siguió acompañando, pues estuvo un año sin cobrar. Al siguiente verano recibió dos ofertas: una del Nastic y otra del Principat, de Andorra. Finalmente se decantó por esta última y allí pudo recuperar algo su estrella. En el país del Principado llegó a jugar una eliminatoria de la UEFA y se asentó tanto que se nacionalizó andorrano y llegó a jugar varios partidos como internacional, algunos contra grandes selecciones.

Finalmente una lesión de rodilla puso fin a su trayectoria en 2003 en Andorra. Pese a haber sido muy feliz en aquel país, siempre le quedará la duda de qué hubiera ocurrido si aquella tarde en Valladolid hubiera ganado el Barça y él no hubiera pagado los platos rotos de la derrota y se convirtiera ya para siempre en el renglón torcido de Cruyff.

  1. abril 2, 2013 a las 8:11

    Touche. Great arguments. Keep up the great effort.

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