Inicio > Fútbol, Uncategorized > Camataru, el ladrón de la Bota de Oro

Camataru, el ladrón de la Bota de Oro

Una de las imágenes de los últimos días ha sido la de Cristiano Ronaldo posando orgulloso con la Bota de Oro que ha ganado tras marcar 40 goles en la última temporada en la liga española. Sin embargo, al igual que la semana pasada hablábamos del fraude cometido por Roberto Rojas, esta semana toca recordar la historia de Rodion Camataru, quien se llevó la Bota de Oro de 1987 gracias a una estafa que no fue conocida hasta años más tarde.

Camataru era un delantero bastante alto, de aquellos que por su gran envergadura aguantaban bien el balón y fijaban bien a las defensas rivales. Sin embargo, precisamente por eso, por su estatura, sus cualidades con el esférico eran bastante normalitas. Por ello, sus números goleadores en sus inicios en el Universidad de Cracovia no eran más que un promedio de unos diez goleadores por temporada.

Para la campaña 86/87 Camataru, antiguo infante de la marina, optó por cambiar de aires y decidió fichar por el Dínamo de Bucarest. La jugada le salió redonda, pues ese año fue el de su explosión. Y es que a falta de seis jornadas para la conclusión de la liga rumana había firmado 24 dianas, unos números a los que ni se había acercado en las temporadas anteriores. Se comenzó a hablar de él entonces como candidato a la prestigiosa Bota de Oro que entregaba la FIFA. Sin embargo, el trofeo parecía que lo tenía perfectamente encarrilado el austriaco Toni Polster y que se tendría conformar con la Bota de plata, que, dicho sea de paso, tampoco era una mala conquista.

Pese a ello, al finalizar la temporada saltó la sorpresa, pues Camataru logró marcar ni más ni menos que 20 goles en las últimas seis jornadas haciendo un total de 44 en toda la campaña 86/87 y que le alzó a lograr el primer puesto en la Bota de Oro para sorpresa de Polster, que ya se veía como virtual ganador, y de todo el fútbol europeo. El austriaco siempre pensó que en el milagroso final de temporada de Camataru había algo sospechoso. No le faltaba razón, pues el 9 rumano nunca volvió a repetir una temporada igual a la 86/87. En las dos siguientes promedió 16 goles y cuando se marchó a jugar al extranjero en el 89 ni en el Charleroi belga, primero, ni en el Herenveen holandés, después, llegó a acercarse a tan prolíficas cifras. Es más, ni en Holanda ni en Bélgica llegó ni tan siquiera a promediar diez goles por temporada.

Años más tarde, salió, al fin toda la verdad a la luz. En la época en que Camataru se destapó como un prolífico goleador, Rumanía viví bajo el régimen de Nicolae Ceaucescu. Este último vio en el deporte un espejo perfecto para vender una buena imagen de su país. Así en el 85 amañó varios partidos para que el equipo de sus amores, el Steaua de Bucarest, que dicho sea de paso era el conjunto del ejército, saliera campeón de liga. El Steaua le devolvió el favor ganando al año siguiente contra pronóstico la Copa de Europa al mismísimo Barcelona. Mejor campaña favorable a su régimen no podía tener. Aun así, ya saben lo que se dice: “todo siempre puede ser mejorado”.

Y en este caso también. Es aquí cuando entra en juego la esposa de Ceaucescu, Elena, que era una gran fan del Dínamo de Bucarest, que era el equipo de la policía rumana. Por ello, Ceaucescu cuando vio que Camataru podía ser Bota de Oro se le abrieron los ojos. Pues que un rumano obtuviera este trofeo, unido al gran éxito que había tenido el Steaua en el Viejo Continente en el 86, podría servir para que en Europa se viera con una cara más amable su régimen dictatorial y al paso pues también daba una alegría a su esposa. Por ello, en las últimas seis jornadas de liga miembros del Ministerio del Interior “aconsejaron” a los defensas y porteros que se iban a enfrentar al delantero que no se emplearan al 100%, todo fuera por el bien del país.

Y vaya si les hicieron caso. Camataru en la jornada 29 marcó 3 goles, en la 30 anotó otros tantos, hizo dos en la 31, cuatro en la 32, cinco en la 33 y finalizó la liga con un hattrick. Como he dicho antes, tiempo después esta farsa salió a la luz y se le reconoció a Polster como el auténtico Bota de Oro de aquel año, mal que a Camataru, que no fue más que un simple títere, y a Nicolae Ceaucescu les pesara.

  1. astudillo
    noviembre 7, 2011 a las 15:47

    Buen artículo, sólo comentar que se llama Camataru y no “Catamaru” como está escrito varias veces e incluso en el título del artículo 🙂

    • aheralta
      noviembre 8, 2011 a las 1:50

      Gracias por avisar del fallo. Ha sido un pequeño, aunque grave, lapsus. Ya está todo en orden. Gracias de nuevo por avisar del error

  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: