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La Democracia Corinthiana

Hace poco un compañero me dijo que el fútbol era “la cosa más importante de las de las cosas menos relevantes de la vida”. En cierto modo tiene razón. La familia, la salud o el empleo son temas que, a bote pronto, respaldan esta teoría. Sin embargo, el balompié no tiene por qué ser considerado siempre como “el circo” para distraernos de lo realmente importante. Y es que, en muchas ocasiones, puede ser una importante herramienta para ayudar a dar pasos favorables en temas sociales bastante relevantes. La Democracia Corinthiana es una buena prueba de ello. 

Corría el año 1981 y en Brasil el Corinthians pasaba por uno de los momentos más bajos de su historia. Casi tanto como los de su propio país, que vivía en la miseria bajo una estricta dictadura militar. En esa situación llegó al club del Timao Atilson Monteiro Alves, que fue nombrado director de fútbol de la entidad. Sin embargo, Atilson sorprendió desde el primer día con sus métodos para lavar la cara del Corinthians. 

El más llamativo fue que todas las decisiones del club se iban a tomar mediante sufragio universal. Todos votaban sobre qué fichajes hacer, qué se iba a comer, las concentraciones y demás temas. El voto del utillero, por poner un ejemplo, tenía el mismo peso que el del mayor de los directivos. Vamos que el Corinthians era un soplo de aire democrático que contrastaba con la dictadura que imperaba en el país, ya que la opinión de todos contaba. 

Esta manera de actuar fue muy bien recibida por todos los ámbitos de la entidad, tanto que al poco tiempo dio sus resultados sobre le terreno de juego y el equipo brasileño volvió a salir campeón en 1982. Sin embargo, el objetivo de este Corinthians no sólo el de recuperar los títulos, sino que sus éxitos deportivos y su modelo de gestión pudiera trascender más allá del terreno de juego para reclamar transparencia a los militares y aspirar a una “democracia real”.

 En aquel 1982, los militares convocaron elecciones para elegir al Gobernador del Estado de Sao Paulo. Los jugadores del Corinthians lucieron entonces en sus camisetas el lema “Dia 15, vote” para concienciar a la gente de lo importante que era que votaran en aquellos comicios. Ahí no acabó la cosa, pues los jugadores en los siguientes partidos siguieron luciendo lemas reivindicativos como ‘Direitas ja’ (Directas ya, en referencia a que fuera el pueblo y no el parlamento el que debía de elegir al presidente del gobierno), ‘Democracia ja’ (Democracia ya) o ‘Quero votar para Presidente’.

Nunca un equipo brasileño había lucido ningún lema en sus camisetas, por lo que debido a su novedad, y también éxito, el publicista Washington Olivetto decidió bautizar el movimiento con el nombre de “Democracia Corinthiana”. Aun así, no todo fueron loas para el equipo, ya que muchos los consideraban como unos contrarrevolucionarios. Sea como fuere, estaba claro que su modelo, de una u otra manera, había calado en la sociedad. Tanto fue así que en la final del campeonato paulista de 1983 los jugadores tenían una presión que sobrepasaba lo deportivo porque pensaban que una derrota podría ser a la vez un paso atrás en el camino hacia la tan ansiada democracia. Por ello, antes de comenzar el partido salieron con una pancarta que rezaba: “Ganar o perder, pero siempre con democracia”.  

Aquel campeonato fue a parar a las vitrinas del Corinthians. Sin embargo, el final de la Democracia Corinthiana no fue el deseado. Sócrates, la figura del equipo, había prometido que abandonaría Brasil si el país no lograba poner en marcha un sistema de elección directa del presidente. En 1984 se confirmó que sería el Parlamento el que nombraría directamente al presidente, y no los votos de los ciudadanos. Por ello, el Doctor, nombre con el que era apodado el genial futbolista, hizo las maletas rumbo a Italia para jugar enla Fiorentina. Aunque lo peor aún estaba por llegar, pues en 1985 la Democracia Corinthiana perdió por fraude las elecciones internas del club. 

Pese a ello, muchos aún hoy se acuerdan de ellos, ya que, tal y como relató Sócrates, lograron abrir los ojos a la sociedad brasileña: “Conseguimos probarle al público que cualquier sociedad puede y debe ser igualitaria. Que la opresión no es imbatible. Que una comunidad sólo puede fructificar si respeta la voluntad de la mayoría de sus integrantes. Que es posible darse las manos”. Y es que el fútbol, en ocasiones, ha demostrado que puede ayudar a contribuir en las cosas importantes de la vida. 

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