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Cuando la alegría precede a la tragedia

El Torino es uno de esos equipos que puede que no tenga muchos títulos en sus vitrinas pero al que hay que tenerle un especial aprecio por las historias que ha protagonizado. Y es que si hay un equipo que merezca el apodo de “pupas” ése el Toro, el conjunto en el que todo puede pasar y uno de los pocos lugares en los que la alegría siempre precede a la tragedia. La historia de Attilio Romero  y Gigi Meroni da fe de ello.

Este último creció con un sueño: convertirse en futbolista y jugar en el Torino. Sin embargo, cuando le comentaba a la gente esto muchos se quedaban mudos cuando escuchaban el apellido del chico: Meroni. Y es que así también se apellidaba el piloto que estrelló por accidente un avión en 1949 con toda la plantilla del Torino a bordo, una de las mejores de su historia y que en lo que se bautizó como ”La tragedia de Superga” acabó con un equipo que parecía predestinado a marcar época.

Sin embargo, el futuro quiso hacer un guiño al Toro queriendo que el fútbol que un Meroni le había robado al club se lo devolviera otro Meroni, Gigi. Y es que aquel niño que jugaba de pequeño ilusionado con convertirse en futbolista y jugar en el Torino a los 19 años cumplió su sueño. Gigi, además, muy pronto se ganó a la hinchada con sus regates imposibles y goles en la que sus disparos parecieran haber sido diseñados con escuadra y cartabón.

De hecho, muchos le llegaron a comparar con algunos grandes como George Best o Garrincha. Además de su fútbol, otra de las cosas por las que se convirtió en el ojito derecho de la afición fue porque, como la gran mayoría de genios, era un excéntrico. En alguna ocasión le pudieron ver pasear por las calles de Turín con una gallina o le gustaba irritar a los más conservadores declarándose admirador de figuras como la de Fidel Castro. Aunque una de las locuras que más ríos de tinta hizo correr en los periódicos es que llegó a plantar a su novia en el altar. El padre de ella cuando se enteró de que vivía con Meroni sin estar casados ordenó que contrajeran nupcias de inmediato. Gigi entonces se vio con un marcaje al hombre más fuerte que los que le practicaban cada domingo en el terreno de juego y para volver a ser libre optó por hacer lo que mejor se le daba cuando tenía un balón en los pies: sorprender a todos. Por ello, dejó tirada a la que iba a ser su esposa.

Esta especie de cóctel molotov  entre lo que era su vida deportiva y privada le convirtió en un icono y hacía que fueran multitudes los que le esperaban a las puertas del estadio para obtener un autógrafo suyo. Uno de ellos era Atillio Romero, un hincha que había confesado  a sus más íntimos que admiraba tanto Meroni casi como a sus propios padres. Romero siempre que podía iba al Comunale a ver a Gigi y a su Torino; y una tarde más en la que acudió al campo al término del mismo cogió su coche para tomar el camino de regreso a casa. Hasta ahí todo normal, sin embargo, aquella tarde iba a ser diferente. Sin quererlo ni beberlo, Romero vio como una persona cruzaba por la calle sin mirar y se le echó encima. Atilio no tuvo tiempo para poder esquivarlo y lo atropelló.

El muchacho se quedó de piedra cuando vio que la persona atropellada era su gran ídolo: Gigi Meroni. “Se me echó encima, no sabía quién era hasta que al bajar del vehículo lo vi tendido en el suelo.  Enseguida llamé a mi padre, que era médico. Fuimos al hospital pero no se pudo hacer nada”, relató el propio Moreno mucho tiempo después. Meroni falleció y con él se agrandó la leyenda trágica que rodea al Torino. Miles de aficionados acudieron a su funeral y Moreno sufrió una gran depresión de la que le costó mucho salir. Cuando lo hizo comenzó a trabajar en la FIAT sin pena ni gloria. Así fue hasta que el empresario, y amigo suyo,  Francesco Cimminelli compró el Torino y le ofreció la presidencia. Romero aceptó y bajo su mandato el club logró dos ascensos (01/02 y 04/05). Demostrando una vez más que sólo hay una cosa más inesperada y sorprendente que los regates que hacía Meroni: los giros que el destino siempre le ha guardado al Torino

  1. junio 3, 2013 a las 3:59

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