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El sueño de Kalusha Bwalya

La semana pasada comentamos en La Medialunala tragedia que sacudió a la selección de Zambia en el 93, que se llevó la vida de la mayoría de los integrantes de aquel equipo. Uno de los jugadores de aquella plantilla que logró esquivar la muerte fue Kalusha Bwalya, quien desde entonces luchó por un sueño: reconstruir la escuadra nacional y lograr el objetivo de clasificarse para el Mundial de 1994. 

Pese a que aquel equipo llevaba muy buenos números en la fase de clasificación, la misión parecía casi imposible, ya que había que crear una nueva escuadra casi desde cero y adaptarse a un sistema táctico. Aun así, Kalusha se volcó en el proyecto y, para sorpresa de todos, aunque es verdad que fue con más corazón que cabeza, Zambia logró salir adelante.

Tanto que el conjunto africano, que tras la tragedia de Gabón parecía tocado definitivamente, llegó a la última jornada de la fase de clasificación para el Mundial de 1994 dependiendo de sí mismo. Solo unos meses después de la catástrofe. El billete para Estados Unidos estaba al alcance de la mano, ya que un punto contra Marruecos fuera de casa les valía a los zambianos. Durante 40 minutos el sueño fue un hecho, estaban dentro de la mayor cita futbolística. Sin embargo, en el minuto 41 un centro desde la izquierda rematado en el área pequeña con un brillante testarazo por parte del marroquí Abdeslam Laghrissi puso muy cuesta arriba a Zambia lograr la gesta.

Aún quedaba la segunda parte, tiempo más que suficiente para lograr algo que Kalusha había impreso al equipo desde que se propuso rescatarlo de las cenizas en las que se encontraba: la épica. Sin embargo, en el segundo acto del encuentro por primera vez se vio a una Zambia sin alma, sin corazón. El gol marroquí no sólo les había dejado tocados en lo deportivo, sino que también en lo anímico.

De hecho, años más tarde, Kalusha señaló que el gol de Abdeslam Laghrissi hizo que se volviera a acordar de sus compañeros fallecidos meses antes en Gabón y como les iba a fallar después de haber luchado tan duro por un imposible que, por momentos, llegó a ser una realidad. Ese sentimiento de culpa de no poder brindarles la clasificación para el Mundial hizo que se le quitaran las ganas de jugar. Con Kalusha deambulando de cuerpo presente pero de mente ausente por el campo Zambia echó de menos al corazón de su equipo y acabó perdiendo aquel partido contra Marruecos.

Tres años más tarde, con el equipo mucho más asentado y con las heridas del pasado ya curadas pero con la cicatriz que aún dejaba su recuerdo, Kalusha consideró saldada la deuda que había dejado a sus compañeros con la no clasificación para el Mundial de 1994 con el subcampeonato que obtuvo Zambia enla Copa de África de 1996. En aquella ocasión solo una brillante Nigeria, capaz de sacar los colores a la mismísima Brasil en los Juegos Olímpicos del mismo año, fue capaz de que los Chipolopolo fueran campeones. Hace apenas una semana Zambia logró coronarse como “rey de África”, como presidente dela Federación estaba Kalusha. ¿Casualidad? No creo. Simplemente el hombre que se propuso hacer posible lo imposible se propuso volver a escribir el guión de la historia para que ésta, de una vez por todas, acabara con final feliz.

  1. mayo 9, 2013 a las 18:15

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