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Fritz Walter, el jugador que brillaba bajo la lluvia

En España al decir Fritz Walter la gente asocia este nombre al estadio del Kaiserlautern, y eso si hay suerte. Sin embargo, en Alemania sucede todo lo contrario, ya que nombrarle es sinónimo de hablar de una de las mayores leyendas que haya dado el fútbol alemán.

Walter fue un jugador precoz, ya que con 17 ya había debutado con el equipo de su ciudad, el Kaiserlautern, y con 19 ya era internacional con Alemania, en 1940. Durante la Guerra Mundial, los germanos organizaron partidos contra los países aliados y gracias a ello un gran número de personas pudo disfrutar de la clase de Fritz sobre el terreno de juego.

Así fue hasta que la contienda se convirtió en algo más que eso y no había tiempo para jugar con la pelota. De este modo, fue reclutado en la brigada paracaidista. Cuando estaba en ésta fue obligado a saltar sobre la frontera que había entre Eslovaquia y Hungría. En esta última fue hecho prisionero y enviado a un campo de concentración.

Durante su cautiverio cogió la malaria. Algo que provocó que detestara los días de sol, ya que le subía una alta fiebre en ellos, y que amara los de lluvia en los que se movía como nadie. De hecho, durante esta época llegó a entablar amistad con alguno de los húngaros que ejercían de guardianes e, incluso, cuando las circunstancias lo permitieron, llegó a echar algún partidillo con ello. Al más puro estilo ‘Evasión o Victoria’.

Tal fue la cosa que cuando los rusos asaltaron el campo de concentración en el que estaba para llevarse a los alemanes a un gulag soviético y hacerles allí sufrir lo que no está en los escritos, uno de los guardianes que jugó al fútbol con él dio la cara por el futbolista al engañar a los rusos diciendo que Fritz era austriaco y no alemán y que, por tanto, no tenían por qué llevárselo.

Afortunadamente, los soviéticos le hicieron caso y no se llevaron a Walter con ellos. Esto permitió que el alemán pudiera salvar la vida y reanudara su carrera como futbolista tras la guerra. Tanto que en 1954 disputó con Alemania en Berna la final del Mundial. Las circunstancias quisieron que su rival en la final fuera Hungría y que aquel día lloviera como nunca lo había hecho, favoreciendo así a Fritz, que dio un auténtico recital. Tanto que en Alemania cuando llueve muy fuerte se dice que hace un tiempo de Fritz Walter.

Años más tarde, en 1956, los tanques rusos invadieron Hungría justo cuando la selección magiar se encontraba de gira. Los futbolistas cuando se enteraron y no quisieron regresar a su país y decidieron hacer una gira por el Viejo Continente. ¿Saben quién les pagó los desplazamientos? Fritz Walter, que no se había olvidado de que los magiares le habían salvado la vida.

Y es que Walter se parecía poco a los futbolistas ególatras y vanidosos que hay en estos tiempos. De hecho, cuando se retiró declinó seguir ligado al mundo del fútbol para ayudar en la rehabilitación de presos. ¿Creen que alguna vez se arrepintió? Todo lo contrario. Antes de morir, en 2002, declaró que en su vida había sido “absolutamente feliz”.

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