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OPINIÓN- Sandro Rosell, cuando el revanchismo no lleva a nada

Este pasado jueves Sandro Rosell ha puesto fin a su etapa como presidente del Barça, pero la realidad es que ésta prácticamente acabó cuando comenzó. Lo hizo porque el gran pecado de Rosell ha sido su obsesión de destrozar todo lo que oliera en el club a Joan Laporta con el fin de crear algo nuevo para que así el soci le viera como el nuevo salvador de la entidad.

Rosell nunca asimiló el salir de la junta de Laporta y no poder aparecer en la foto con la Champions de París de 2006 cuando él había sido parte importante de aquel equipo, puesto que fue clave en la llegada al Camp Nou de Deco o Ronaldinho.

Por ello, sólo así puede entenderse que nada más llegar a la presidencia desligitamara a Johan Cruyff, mito viviente azulgrana y a su vez el asesor deportivo preferido de Laporta, como presidente honorífico. No tuvo reparos en que Cruyff saliera, o al menos dejara de husmear en los temas importantes del Barça, y por eso siempre le perseguirá el fantasma de que quizá pudo hacer en su día algo más para que Pep Guardiola se quedara en el Camp Nou.

Cada éxito de Guardiola, alumno aventajado de Cruyff y la apuesta más personal y exitosa de Laporta, no se asociaba a Rosell. Se consideraba una herencia de la anterior junta, por lo que no extrañó que Guardiola en 2012 anunciara su marcha, después de que el propio Pep denunciara un año de excesivo desgaste porque no tuvo la defensa de las altas esferas que él esperaba.

De esta manera, el proyecto de Rosell pasaba a ser más personal con Tito Vilanova como su Pep particular. En ese momento le faltaba poner la guinda al pastel y ésta tenía nombre propio: Neymar. El brasileño era el gran objeto de deseo de Florentino Pérez y conseguirlo sería dar un golpe importante, a nivel mediático y deportivo, al Real Madrid.

Esa obsesión por ver quién la tiene más larga, por colgarse una medalla ante el Real Madrid y por lograr que el soci con la pareja Messi-Neymar olvidara definitivamente al Barça de Laporta de los seis títulos; ha acabado por condenar a Rosell. Sólo él sabe, de momento, la cantidad por la que vendió su alma al diablo, o al padre de Neymar, por lograr que el brasileño fuera al Camp Nou. Pero su mayor error no ha sido ése, ha sido el de considerar al resto del mundo, barcelonistas o no, tontos.

El comunicado de despedida de Rosell ha sido una vergüenza, una tomadura de pelo. La familia de Rosell es probable que recibiera amenazas de los cuatro tontos de turno desde el primer día que pisó el club. Si tan mal lo pasaba, ¿por qué había anunciado que se iba a presentar a la reelección de 2016? ¿Si el fichaje de Neymar es tan limpio por qué a las primeras de cambio abandona el barco? Alguien que tuviera la conciencia tranquila sobre lo que ha hecho nunca dimitiría, defendería lo suyo con uñas y dientes. Pero lo que aún no hemos visto debe ser bien gordo y sí encima te imputan el cagazo, y con perdón, que debe tener el ya expresidente debe ser grande. Tanto que los hinchas de un club que, se supone, pertenece a sus socios, se van a enterar antes por un juez que por sus propios dirigentes de cuánto costó Neymar. Algo lamentable.

El colmo de todo es que el sustituto de Rosell será Josep María Bartoméu, un hombre también implicado en el caso Neymar y que no es descartable que en un futuro sea imputado por la Justicia. ¿Qué hará entonces el Barça? Lamentablemente para los culés sólo hay una respuesta posible: el ridículo. Hay que recordar que Bartoméu fue aquel que dijo en su día aquello de “Abidal renovará en cuanto juegue un encuentro”. Todos sabemos que el galo no amplió su contrato y que se fue llorando del club azulgrana porque no le dieran la oportunidad de seguir después de todo lo que había luchado. ¿Éste es el hombre que se va a dedicar a mantener limpia la imagen del Barça?

No lo creo. Si tuvieran decencia convocarían elecciones para junio. El resto es pura tomadura de pelo. Y pensar que todo comenzó por una denuncia de un socio del Barça. Si es que los azulgranas son únicos en autodestruirse. Aunque quién sabe si la escena de hoy se hubiera dado de no haber salido nunca Rosell de la junta de Laporta.

PD. Y eso sin contar nada de UNICEF, Qatar Foundation o Pete Mickeal, por ejemplo

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