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Cuando la Reggiana no despidió a Carlo Ancelotti

Reggiana 95/96

Este pasado fin de semana Carlo Ancelotti ha logrado un récord más en su brillante palmarés: tras conquistar la Bundesliga, se ha convertido en el primer técnico en lograr el título liguero en cuatro campeonatos importantes como Italia, Inglaterra, Francia y Francia. Todo ello sin contar la Champions y la Copa que conquistó en España con el Real Madrid. Sin embargo, todo esto no habría sido posible con la confianza que le dio el Reggiana en su inicio en los banquillos.

Carlo se inició como técnico bajo el mando de Arrigo Sacchi, del que fue asistente de 1992 a 1995. Fue precisamente en este último año cuando le llegó su primera oportunidad en los banquillos. La Reggiana, equipo de su ciudad natal, le ofreció la oportunidad de dirigir al equipo en la Serie B con el reto de ascenderlo esa misma temporada.

Sin embargo, el inicio de temporada no fue para nada sencillo para los emilianos. En las primeras seis jornadas, el equipo dirigido por Carlo Ancelotti sumaba cuatro puntos en la tabla después de sumar otros tantos empates y dos derrotas. Los puestos que daban acceso a la máxima categoría se alejaban fruto de que la Reggiana estaba muy negada en ataque, ya que sumaba tres goles hasta ese momento, el primero de los cuales no llegó hasta la jornada cuatro.

En esa situación la Reggiana se enfrentó al Pescara fuera de casa en la séptima fecha del campeonato. Pese a que su rival tampoco pasaba por su mejor momento, pues únicamente había logrado un triunfo en todo el campeonato, pasó por encima de los hombres de Carlo Ancelotti. El Pescara goleó por 4-1 a la Reggiana y el futuro del ahora exitoso técnico parecía sentenciado.

De hecho, la prensa publicó que el club Emiliano negoció con Mircea Lucescu y Luigi Simoni para que cogieran las riendas del equipo. Sin embargo, cuando Carlo parecía más fuera que dentro, la Reggiana sorprendió anunciando que mantenía su confianza en Ancelotti. El técnico y el equipo devolvieron el apoyo goleando al Venecia por 3-0 en la siguiente jornada.

La cosa no quedó ahí, pues el equipo empezó a ir hacia arriba a partir de entonces. De hecho, la confianza de los dirigentes en Ancelotti dio sus frutos cuando la Reggiana selló su regreso a la Serie A a falta de una jornada con una victoria por 0-1 contra el Verona. Los granates acabaron cuartos tras sumar 61 puntos.

El equipo de Ancelotti destacó por ser muy coral, hasta 13 jugadores vieron puerta esa campaña, y muy sólido, pues marcó 42 goles en 38 partidos y encajó 32. Tras ese éxito, Ancelotti dio el salto al Parma la siguiente campaña, ya en la Serie A, y comenzó su meteórica carrera en los banquillos. Nunca se sabrá qué habría pasado si la Reggiana hubiera despedido a Carlo tras esa derrota por 4-1 en Pescara.

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Cuando Ancelotti confundió a Kaká con un estudiante Erasmus

Una vez que el París Saint Germain ha fichado a Laurent Blanc, el Real Madrid ha hecho oficial la llegada de Carlo Ancelotti al Santiago Bernabéu en sustitución de José Mourinho. El transalpino se convertirá así en el segundo técnico italiano de la historia del club blanco tras Fabio Capello. ‘Carletto’ volverá a coincidir en Chamartín con Kaká, al que ya dirigió en el Milan. 

Ancelotti logró sacar el mejor rendimiento al brasileño, que bajo sus órdenes llegó a convertirse en uno de los mejores futbolistas del mundo. Sin embargo, el técnico al principio llegó a dudar de la calidad del ahora madridista. Tanto que llegó a pensar que tenía más pinta de estudiante Erasmus que de futbolista.

“Me habían hablado de un chavalín en Brasil, muy bueno, pero al cual no conocía: Ricardo Izecson dos Santos Leite. Por su nombre parecía más bien un predicador, y no andaba desencaminado. Portaba la palabra del fútbol y de la fe, escúchale y serás feliz. El club no sabía si hacerle venir inmediatamente a Milanello o dejarle seis meses más en el Sao Paulo. Tras pensarlo un poco, decidimos acortar los tiempos y que llegara lo antes posible para que empezara a entrenarse con nosotros. Y para que yo supiera quién era. Desde mi punto de vista se trataba de un fichaje a ciegas, lleno de buenas palabras y otras tantas esperanzas. Vale, pero necesitaba hechos. Kaká llegó a Malpensa y me llevé las manos a la cabeza: gafas, repeinado, cara de buen tío, sólo le faltaba una tartera con la merienda y un libro. Habíamos fichado a un estudiante universitario. Bienvenido al proyecto Erasmus, no estaría mal si además supiera jugar al fútbol”. 

Así describió Ancelotti en su libro autobiográfico ‘Preferisco la Coppa’ cúal fue su primera impresión al ver a Kaká. Sin embargo, cuando vio al brasileño con el balón en los pies su opinión cambió radicalmente: “Con el balón entre los pies era monstruoso. Dejé de hablar, simplemente porque no me salían las palabras. No existían para definir lo que estaba viendo. El testigo de Jehová era en realidad un tío que hablaba con el Señor, como descubrimos más tarde. Y en una de nuestras conversaciones creo que incluso hablamos de fútbol. (…) En una de sus primeras acciones en un entrenamiento, se midió a Gattuso, quien le dio un empujón terrorífico. Kaká no perdió el balón y Rino acompañó la acción con un clarificador “A tomar por culo”, bajo su punto de vista eso era promocionar al nuevo compañero. Quien aún en posesión del balón lanzó a puerta desde treinta metros ante un Nesta que no fue capaz de pararle. (…) A ese chaval le quitamos las gafas y le pusimos un uniforme de futbolista y se convirtió en lo que ninguno esperábamos, en un crack”.

 ¿Volverá Ancelotti a ser capaz de volver a sacar al brasileño el buen rendimiento que ya le sacó en el Milan?

Schilacci, el juguete roto de Italia 90

agosto 3, 2010 1 comentario

El fútbol, al igual que la vida, es como una montaña rusa: unas veces estás arriba  y otras lo haces abajo, o viceversa. Sea como fuere, un claro ejemplo de ello es el delantero italiano Salvatore Schilacci. Y es que el ariete transalpino pasó de la nada a la gloria en un breve espacio de tiempo. Sin embargo, su estrella se apagó a la misma velocidad a la que había comenzado a brillar.

El Toto, sobrenombre con el que fue conocido, comenzó a dar sus primeros pasos en el mundo del fútbol en el AMAT Palermo, de su ciudad natal. Aunque Salvatore duró poco tiempo en el equipo de su tierra, apenas un año, y fichó en el 82 por el Messina, que entonces militaba en la Serie C, equivalente a la Tercera División española.

Allí Schillaci comenzó a destacar como un delantero oportunista y con chispa. Tanto que incluso logró acaparar el protagonismo de algún que otro artículo de la prensa local. Todo ello le llevó a fichar, contra todo pronóstico, en 1989 por uno de los grandes de Italia: la Juventus. Sin embargo, los bianconeri entonces vivían en una especie de depresión post-Platini y en la liga estaban a la sombra de Milan e Inter.

En tanto, la selección italiana estaba en pleno proceso de renovación preparando el Mundial del que iban a ser anfitriones en el 90.  El seleccionador de aquel equipo, Azeglio Vicini, tenía como base de aquella escuadra a una camada de jugadores jóvenes muy importante con gente como Paolo Maldini, Gianluca Vialli, Giuseppe Giannini, Walter Zenga, Carlo Ancelotti o Andrea Carnevale. Sin embargo, ese equipo tenía una tara muy importante: le faltaba gol.

Por ello, tras una temporada más que aceptable aunque sin llegar a números extrasféricos, Vicini decidió incluirle para sorpresa del personal en la lista definitiva para el Mundial de 1990. Eso sí, en un principio, partía como una de las últimas opciones que tenía Italia para el ataque, pues en esa posición el seleccionador prefería a hombres como Vialli y Carnevale. Sin embargo, la gloria le estaba llamando a la puerta.

 Toto, como era previsible, comenzó el torneo como suplente, pero su estrella se comenzaron a agigantar conforme fueron pasando los encuentros. En la primera fase, con tres goles, salvó a Italia de un ridículo mayúsculo y permitió que los azzurri pasaran la primera fase. Algo que hizo que en el tercer partido del campeonato se hiciera con una titularidad que ya no iba a abandonar en todo el torneo.

En los octavos y en los cuartos Schillaci dejó su sello marcando en ambos partidos, algo que le valió para pasar en apenas unos días del anonimato a ser una estrella mundial, el delantero que estaba en boca de todos. Sin embargo, Salvatore, que comenzó a ser apodado como “el padrino del gol” por sus orígenes sicilianos, no pudo evitar que Italia cayera derrotada en las semifinales del torneo contra la Argentina de Maradona.

Aun así, el delantero marcó en el partido por el tercer y cuarto puesto y logró hacerse con la bota de oro del torneo. Aunque él se quedó con algo más grande: en el torneo se había ganado el corazón y aprecio de todos los tifosi, quienes le consideraron como el mejor jugador de Italia en el Mundial. Sólo Roberto Baggio, que comenzaba a dar clases sobre el encerado, consiguió robarle algo de fama a Toto.

Aunque, lamentablemente para Schillaci, esto finalmente sólo se quedó en el bonito sueño de unas noches de verano. Regresó la competición a nivel de clubes y al Toto se le acabó la pólvora tan rápido como se había convertido en una estrella, pues en las dos siguientes temporadas en la Juventus apenas anotó nueve goles.

Las puertas de la selección, además, se le cerraron de manera definitiva y los aficionados azzurri que tanto le aclamaron por sus goles en el Mundial le olvidaron pronto debido a la confirmación de Baggio como un ‘fuoriclassi’ y la fulgurante aparición de otros delanteros como Signori o Casiraghi.

Por ello, en el verano del 92 firmó por el Inter de Milán, donde tampoco logró cuajar y se dio cuenta de que, definitivamente, su estrella se había pagado. Así un año más tarde los neroazzurri no pusieron ninguna traba en que Salvatore firmara por el Jubilo Iwata japonés, convirtiéndose de esa manera en el primer jugador italiano que jugaba en esa liga.

Allí, con buenas cifras realizadoras, vivió sus últimos días en el mundo del fútbol. Mirando, quizás, con nostalgia aquellos días en el que su estrella emergió pero que desapareció con la misma fuerza y rapidez que llegó al firmamento.