Archive

Posts Tagged ‘Copa de Europa’

20 años de la muerte de Agostino di Bartolomei

Agostino di BartolomeiCon la resaca aún del Real Madrid – Atlético de Madrid de Champions, este viernes 30 de mayo se cumplen 30 años de la final de la Copa de Europa que disputaron Roma y Liverpool. Un partido que marcó para siempre a Agostino di Bartolomei.

La historia de Di Bartolomei, o al menos su inicio, es la soñada por cualquier niño. Agostino, también conocido como Ago por los tifossi, desde pequeño fue fiel seguidor de la Roma y tenía claro cuáles eran sus sueños: poder debutar con los giallorossi y levantar como capitán algún título con éstos.

El primero lo cumplió el 22 de abril de 1972, al poco de cumplir los 17 años, cuando logró debutar en partido oficial con la Roma en un encuentro contra el Inter en Milán que acabó con empate a cero. Tras tres temporadas en el primer equipo en los que únicamente disputó 23 partidos, el club capitalino cederle por un año al Vicenza.

Le sobraban ganas, pero aún le faltaba algo de experiencia para poder ser un jugador importante en su amada Roma. Por ello, la temporada en el Vicenza le vino fenomenal. Tanto que a su vuelta al club capitalino, Nils Liedholm, técnico del equipo tenía claro que quería que Di Bartolomei fuera el timón que moviera al equipo y se lo dejó claro: “Ahí dentro serás mi capitán y ellos te adorarán. No hay nadie más romanista que tu”.

Agostino di Bartolomei No falló Liedholm en su apuesta, ya que Di Bartolomei desde el medio del campo se convirtió en el líder de la Roma y la hinchada le adoraba porque le consideraba casi como un tifossi más dentro del terreno de juego. La excelente relación que guardaban Ago y la Roma llegó a su punto máximo en 1983, cuando los giallorossi lograron el segundo Scudetto de su historia y el encargado de levantar el trofeo de campeón como capitán fue Di Bartolomei.

En la siguiente temporada, la Roma tenía un gran reto: ganar la primera Copa de Europa de su historia, ya que la final del torneo se iba a disputar en el estadio Olímpico de la capital de Italia. Guiados por un gran Di Bartolomei, los romanistas lograron la gesta de alcanzar la final. Parecía imposible que se les fuera a escapar el título jugando en casa.

Sin embargo, en fútbol nunca se puede dar nada por seguro y el Liverpool se acabó llevando la ansiada orejona tras imponerse en los penaltis 4-2 después de un tedioso partido. Di Bartomei marcó su correspondiente pena máxima, pero sintió que se le había pasado una ocasión única para convertir en inmortal a aquella Roma.

La pesadilla de Ago no acabó ahí, ya que poco después el club hizo oficial que el entrenador de la siguiente temporada iba a ser Sven Goran Eriksson y el técnico sueco le hizo saber que no contaba con él y que quería que su capitán fuera Carlo Ancelotti. Por ello, su último partido con la camiseta giallorosa fue la final de la Coppa contra el Verona que ganó su amada Roma, aquella que ahora le daba la patada.

Agostino di BartolomeiLa curva sur, que le sentía como uno más de los suyos, le dedicó la siguiente pancarta: “Te han echado de la Roma pero no de su curva”. Di Bartolomei se marchó al Milan, donde estuvo tres temporadas sin pena ni gloria para luego militar en el Cesena y la Salernitana. Ago siempre esperó una llamada para regresar a la Roma y poder colgar allí las botas, pero ésta nunca llegó.

Sin embargo, una vez retirado no perdió la ilusión de poder regresar al club de sus amores como directivo. Pero ésto tampoco llegó. Di Bartolomei ejerció de comentarista en televisión tras jubilarse como futbolista y alguno de los comentarios que hizo no gustaron a los dirigentes romanistas, que le cerraron las puertas del club para siempre.

Intentó resarcirse montado una escuela de fútbol, pero la tuvo que cerrar porque tampoco contaba con mucho dinero, ya que gran parte de éste lo perdió invirtiendo en bolsa. De esta manera, frustrado y desolado por no volver a su querida Roma, no hacía más que repasar en su cabeza aquella final de la Copa de Europa de 1984. Siempre creyó que un triunfo le habría dado un hueco en su club para siempre.

Por ello, en la mañana del 30 de mayo de 1994, justo cuando se cumplían 10 años de la final entre Roma y Liverpool, cogió una pistola Smith & Wesson, calibre 38, se dirigió a la terraza de su casa y se pegó un tiro al corazón. Junto al cadáver se encontró una nota que decía lo siguiente: “Mi sento intrappolato in una buca” (Me siento encerrado en un agujero).

A la afición romanista se le heló el corazón al conocer el trágico suceso. Muchos tifossi contrataron varias páginas en los periódicos para despedirse de su querido jugador con la siguiente leyenda: “Niente parole… solo un posto en el fondo al cuore. Ciao Ago” (No hay palabras… solo un puesto en el fondo del corazón. Adiós Ago).

DEP Agostino di Bartolomei

La triquiñuela de Galliani

La historia del Milan está repleta, en su mayoría, por días de gloria. Noches en las que el conjunto rossonero hizo historia y levantó un sinfín de títulos. Sin embargo, también ha tenido, aunque menos, noches negras que confirman que los grandes también pueden vivir pesadillas. Una de ellas fue el 20 de marzo de 1991 y el gran causante de la misma tiene nombre y apellido: Adriano Galliani.

En aquella época el Milan era el equipo más potente del Viejo Continente. Las dos Copas de Europa que había logrado ganar de manera consecutiva en 1989 y 1990, algo que aún no se ha vuelto a repetir, así lo atestiguaban. Sin embargo, su reinado comenzó a tambalearse en 1991, cuando un 1-1 en San Siro en la ida de los cuartos de final de la máxima competición continental contra el Olympique de Marsella les hizo temer que por primera vez en tres años con que podían volver a pisar la lona de la eliminación.

Un miedo que se convirtió en realidad cuando el conjunto francés logró adelantarse en el marcador en el partido de vuelta. Pasaron los minutos y el Milan no lograba marcar un gol que, al menos, forzara la prórroga. Entonces, en el minuto 87, se fue la luz de parte del estadio y el partido se tuvo que parar. Con los dos equipos en los vestuarios esperando a que se arreglara el problema, la cabeza de Adriano Galliani, administrador general de los rossoneri, empezó a maquinar la táctica que iba a solucionar el mal juego ofrecido en el campo e iba a evitar la tan temida eliminación a los italianos.

Cuando el problema de la luz se había solucionado, no en su totalidad pero si lo suficiente como para jugarse los tres minutos que aún le quedaban al encuentro, el árbitro del partido, Bo Karlsson, pidió a los dos equipos que volvieran a saltar al terreno de juego. El Olympique de Marsella lo hizo, pero el Milan se negó. La razón que aludían era que querían jugar porque no se les garantizaba una total seguridad. Sin embargo, todo no era una más que una estratagema ideada por Galliani, quien confiaba en denunciar al equipo francés ante la UEFA y que ésta diera el partido por ganado al Milan.

Así pues, y ante la incomparecencia de los transalpinos, dio por finalizado el encuentro con el resultado de 1-0 para los locales, a la espera de lo que dijera la UEFA sobre el tema. Conforme fueron pasando los días, el Milan comenzó a convencerse que lo hecho en Francia no era la mejor decisión que se podía haber tomado. Por ello, desistieron de sus argumentos por intentar ganar el partido en los despachos y optaron por felicitar públicamente al Olympique por su pase a las semifinales con el fin de evitar alguna sanción.

La UEFA no tragó y no le tembló el pulso en su castigo: el Milan iba a estar un año sin poder jugar en Europa y Galliani iba a ser inhabilitado de sus funciones hasta el 31 de julio de 1993. Pese al duro castigo, los italianos podían alegrarse con la sentencia, pues en un principio también se les había pasado por la cabeza aplicar la misma sanción que a Galliani a Arrigo Sacchi y a Franco Baresi, entrenador y capitán del conjunto lombardo, respectivamente.

“Me he comportado como un ‘tifosi’ en vez de ejercer de delegado del equipo, con la cabeza fría, como correspondía a mi cargo”, señaló Galliani al conocer la noticia. El Milan apeló la sanción, pero la UEFA se mantuvo firme en sus palabras. Sin embargo, ya dice el refrán que no hay mal que por bien no venga, ya que la dura sentencia sirivió al Milan para renovarse y cuando volvieron a jugar la Copa de Europa en 1993, entonces ya Liga de Campeones, accedieron a la final y en 1994 volvieron a proclamarse campeones.

Una pesadilla llamada CSKA

marzo 12, 2012 Deja un comentario

Edición del jueves 05 de noviembre de 1992 - Página 1

El Real Madrid se juega esta semana su pase a los cuartos de final de la Liga de Campeones en el Santiago Bernabéu contra el CSKA de Moscú. El empate a uno cosechado en la ida hace que el equipo de José Mourinho afronte con optimismo la vuelta. Sin embargo, no se debería de fiar y convendría que echara una mirada atrás para que no repitiera los errores que tuvieron tanto Barcelona como Sevilla en la máxima competición continental cuando, tras empatar en Moscú, cayeron eliminados cuando supuestamente lo tenían todo a favor en casa.

El caso más lejano, pero a la vez también el más llamativo, fue el del Barcelona de la temporada 92/93. Aquel equipo dirigido por Johan Cruyff la anterior campaña había logrado terminar con el gafe que perseguía al conjunto azulgrana en la Copa de Europa levantando al fin la ansiada ‘orejona’ tras ganar en Wembley a la Sampdoria con un increíble zapatazo de Ronald Koeman. Además, los culés practicaban un fútbol de tan alto nivel que ya habían sido bautizados como el “Dream Team”.

En la temporada que les tocaba defender el título en la primera ronda, ya que en el formato era distinto al actual: primero eliminatorias y luego liguilla, se tuvieron que ver las caras con el Viking noruego. Pese al poco nombre de los nórdicos la eliminatoria se resolvió con un escueto 1-0 para el Barça. En la siguiente eliminatoria el conjunto que le tocó en suerte a los catalanes fue el CSKA de Moscú, una escuadra que fue más temida por el gélido ambiente de su país que por sus condiciones futbolísticas.

Edición del jueves 05 de noviembre de 1992 - Página 2

Sin embargo, los moscovitas ya avisaron en Rusia de que no iban a ser una perita en dulce y al Barcelona le costó arañar un empate a uno, resultado que, por otra parte, fue considerado como muy positivo en Can Barça. Esto propició que el partido de vuelta se viviera con cierta relajación, quizás excesiva. Y es que Cruyff concentró al equipo en el Montanyá y el equipo se dedicó en las horas previas a jugar al golf. Además, Javier Clemente, entonces seleccionador de España, visitó a la expedición blaugrana para entrevistarse con algunos internacionales.

Llegó el partido y las cosas comenzaron mejor de lo pensado: a los 31minutos el equipo ya ganaba 2-0 gracias a los goles de Nadal y Beguiristáin. Se esperaba una noche plácida y una goleada de las que hacen época. Sin embargo, sucedió todo lo contrario. El CSKA comenzó a chafar la fiesta metiéndose de nuevo en la eliminatoria con un gol antes del descanso. Ya en la segunda mitad, los rusos lograron lo que en un principio parecía imposible: remontarle un 2-0 al  campeón de Europa en su estadio. Desde entonces el cuatro de noviembre de 1992 ya ha quedado grabado como una de las noches más negras en la historia del club.

Algo similar le ocurrió al Sevilla en la temporada 09/10. Los hispalenses tenían habían adquirido cierto renombre en Europa tras conseguir la hazaña de ganar la UEFA durante dos años seguidos (2007 y 2008). En 2009 sólo la mala fortuna en los penalties evitó que accedieran a los cuartos de final. Por ello, en la edición de 2010 tenían más ganas que nunca de dejar su impronta en la máxima competición continental.

Comenzaron con buen pie, pues en la liguilla previa a los octavos de final acabaron primeros de grupo, lo que les dio la ventaja del factor campo en las eliminatorias por el título. En éstas su rival fue el CSKA.  Una suerte bien recibida por los sevillanos que, como ya hiciera el Barcelona, sólo veía en los moscovitas la dificultad del tiempo de Rusia, ya que el parón invernal que se produce en la liga rusa, en un principio, les beneficiaba.

En la ida, las cosas no les salieron mal a los sevillistas, pues cosecharon un empate a uno a Moscú. Las cosas cambiaron en la vuelta, donde el Sánchez Pizjuán ya se veía llevando a su equipo a los cuartos de final. No fue así. El CSKA se adelantó en el marcador, pero el Sevilla logró devolver las tablas al luminoso. Parecía que una vez conseguido el empate el 2-1 no tardaría en llegar, pero, en una nefasta noche de Andrés Palop, el CSKA aprovechó un error del portero para hacer el 1-2 y dar una nueva golpe a un equipo español. El Madrid ya está avisado…

Conny Torstensson, las dos caras de la moneda

enero 31, 2011 Deja un comentario

Dicen las malas lenguas que si no puedes con tu enemigo lo mejor que puedes hacer es unirte a él. En ocasiones la única manera de poder disfrutar de la gloria, es caer en gracia a tú verdugo y aprovechar tú oportunidad. De ello puede dar buena fe el sueco Conny Torstensson, el único futbolista que ha sido capaz de vivir en una misma temporada en la Copa de Europa las dos caras de la moneda: la decepción por la eliminación y la alegría por el triunfo final.

Para hablar de esta historia nos tenemos que trasladar a 1973. En el verano de aquel año Europa estaba un poco en estado shock porque Johan Cruyff, el jugador más desequilibrante de la época, había decidido dejar el Ajax para fichar por el Barcelona de Rinus Michels. La decisión sorprendió mucho, pues el Barça no era ni de lejos lo que es ahora  y el Ajax era el equipo más potente del viejo continente. Tanto que había ganado las tres últimas copas de Europa y hay quien pensaba que estaba capacitado para igualar el récord de cinco del Real Madrid de Di Stéfano. 

Sin embargo, la escuadra de Amsterdam no asimiló bien la marcha de su gran estrella y, sorprendentemente, hincó la rodilla en la primera ronda de la Copa de Europa tras caer con el CSKA de Sofía búlgaro. Entonces se abrió el abanico de candidatos para optar a ser el nuevo rey del continente. Uno de ellos era el Bayern de Munich. Aunque los alemanes estuvieron también a un paso de decir adiós a la máxima competición continental a las primeras de cambio por culpa del Åtvidabergs sueco. 

El conjunto escandinavo cayó contra los muniqueses en la ida por 3-1, pero en la vuelta, gracias en parte a dos goles de Conny Torstensson, que ya había marcado en Alemania, rozaron la heroica: igualaron el 3-1 y llevaron la eliminatoria a los penalties. Sin embargo, ahí se acabó su suerte, pues desde los once metros a quien sonrió la fortuna fue a los alemanes. Los jugadores suecos, especialmente Torstensson, estaban desolados. Sabían que pocas veces iban a tener una oportunidad como ésa para pasear su nombre por la Copa de Europa. 

Sin embargo, los goles de Conny no pasaron desapercibidos para el Bayern, que anduvo rápido en hacer una astronómica  oferta de 290.000 euros  al Åtvidabergs por el nueve que les había hecho tres goles. Las negociaciones llegaron a buen puerto y al poco tiempo Torstensson ya era la pareja de baile de Muller en el conjunto teutón. Tanto que a los pocos meses el sueco fue titular en la final de la Copa de Europa que el Bayern jugó contra el Atlético de Madrid. Finalmente, el día el que los colchoneros comenzaron a escribir su leyenda como ‘pupas’ Torstensson se agarró fuerte a la orejona. Meses atrás había llorado por caer eliminado de la competición y ahora saboreaba la gloria con el que había sido su verdugo. En un año había vivido las dos caras de la moneda, algo que según las reglas actuales ya nadie va a poder repetir jamás.

Hanot, el creador de sueños

enero 11, 2011 2 comentarios

A la hora de hablar de gente que ha marcado la historia del fútbol es inevitable que muchos digan los nombres de Pelé, Maradona o Di Stéfano, por poner unos ejemplos. Sin embargo, pocas veces sale a relucir Gabriel Hanot, al que debemos el Balón de Oro y la Copa de Europa.

En su juventud, Hanot, fue futbolista que jugó en equipos ahora poco conocidos como el Tourcoing, el Preussen Munster o el AS Francillienne. Así fue hasta que un accidente le apartó de los terrenos de juego provocando que cambiara el balón por la pluma y un papel, ya que se convirtió en periodista.

Aunque durante un tiempo estuvo compaginando su labor como plumilla con la de seleccionador de Francia. Situación harto complicada, puesto que era el mismo el que tenía que analizar, y en ocasiones criticar, en los medios su propia gestión del equipo galo. Conjugó la situación hasta que le fue imposible hacerlo. Esto sucedió después de un partido que Francia perdió en España dejando una malísima impresión.

Hanot, tras el encuentro, escribió en L’Equipe, periódico en el que trabajaba, un editorial, que no firmó, en el que criticó con dureza la actuación de sus jugadores. La cosa no quedó ahí, ya que, al día siguiente, Gabriel escribió un nuevo editorial, que tampoco firmó, en el que pedía la dimisión del seleccionador. 24 horas después Hannot se hizo caso a sí mismo y presentó su renuncia a seguir al frente de les blues.

Hanot aprendió la lección y a partir de entonces sólo se dedicó a una cosa: el periodismo. Pero no lo hizo de cualquier manera, ya que desde su posición buscó mejorar e innovar el fútbol moderno. De esta manera, gracias a su ímpetu y el de su compañero de L’Equipe Jacques Ferran, apoyados por el éxito que había tenido al otro lado del charco el Campeonato Sudamericano de Campeones,  precursor de la Copa Libertadores, propusieron la creación de una competición que enfrentara a todos los campeones de liga del viejo continente: la Copa de Europa, que con los años ha evolucionado hasta la actual Liga de Campeones.

Años más tarde pensó que también sería bueno que los periodistas recompensaran la labor del futbolista que mejor había rendido en los doce meses del año, que no al de la temporada, con un premio. Así se creó el Balón de Oro, que en su primera edición, en 1956, tuvo como ganador al veterano Sir Stanley Matthews, de 41 años de edad y que jugaba en el Blackpool inglés.

Hoy en día pocos saben que la magia y sueños que desprenden cada temporada la Champions y el Balón de Oro vienen de la cabeza de un francés que sólo tuvo un amor en su vida: el fútbol.

El primer fracaso de la ‘Cofradía del clavo ardiendo’

abril 18, 2010 1 comentario

Pese a su derrota en el Santiago Bernabéu contra el Barça, el Real Madrid no ha bajado los brazos y se ha agarrado, por enésima vez, a la ‘Cofradía del Clavo Ardiendo’ para conquistar el título de Liga. Las cuentas de los blancos pasan por ganar los siete últimos partidos de Liga, de los cuales ya han ganado uno (Almería) y que su eterno rival tropiece dos veces. Sin embargo, no va a ser tarea fácil, ya que únicamente el Real Madrid ganó los siete últimos partidos del campeonato……y no les sirvió para ganar la LIGA. 

Corría el año 81 cuando el Madrid de los García, sobre nombre que le había puesto la prensa porque en la misma plantilla estaban García Remón, García Navajas, García Hernández, García Cortés y Pérez García, perdió contra la Real Sociedad en el viejo Atotxa por 3-1 en la jornada 27. Aquella derrota pareció, en un principio, descartar a los madrileños de la lucha por el título puesto que se quedaron a ocho puntos del líder, el Atlético de Madrid, en una más que discreta posición. 

Además, el Real tenía el agravante de que en aquellos tiempos los triunfos sumaban dos puntos y no tres como ahora. Pese a ello, el conjunto entonces dirigido por Vujadin Boskov no tiró la toalla y confió en que si ganaba los últimos siete partidos aún tendría posibilidades de hacerse con el campeonato. Así los blancos sumaron seis victorias de manera consecutiva y llegaron a la última jornada en segunda posición, a un solo punto de la Real Sociedad, que había tomado el relevo del Atlético en la cabeza de la clasificación.

 El Madrid jugaba en el José Zorrilla contra el Valladolid y certificó su séptimo triunfo seguido. La Real, en tanto, competía en El Molinón contra el Spoting. En pucela acabó el partido antes que en Gijón y ello provocó que el Madrid se viera campeón, puesto que cuando su partido finalizó la Real perdía 2-1, resultado que daba el título a los madrileños. Sin embargo, Zamora, en el último suspiro, llevó el delirio a la afilón realista al trasladar el empate al marcador y la alegría blanca en el José Zorrilla se tornó en pocos segundos en frustración. Ganaron siete partidos seguidos y nos les valió para salir campeón. Además, el Real Madrid de aquel año cayó en la final de la Copa de Europa y no ganó la Copa del Rey, por lo que acabó el año en blanco. ¿Se volverá a repetir la historia después de tantos años?

Brian Clough, el genio inglés

febrero 1, 2010 2 comentarios

Si hay un técnico que ha sentado cátedra en el Reino Unido no cabe duda de que ése es Brian Clough. Genio y figura dentro y fuera del terreno de juego, su estilo ha sido imitado por muchos grandes como José Mourinho. Sin embargo, Brian Clough sólo hubo uno.

El 26 de diciembre de 1962 una lesión en el ligamento cruzado puso fin a la prolífica carrera de Clough como delantero centro, en la que logró 197 goles en 213 partidos con el Middlesbrough y 54 tantos en 61 encuentros en el Sunderland. Sin embargo, donde muchos no hubieran visto más que una oportunidad para lamentarse de su mala suerte él vio una oportunidad: convertirse en entrenador.

Tras foguearse como técnico en las categorías inferiores del Sunderland, Brian tuvo su primera oportunidad como entrenador de un equipo profesional en el Hartlepools United. Más allá de los resultados cosechados en este equipo, comenzó a formar junto a Peter Taylor uno de los tándems más importantes de la historia del fútbol británico.

Tras esta aventura, ambos se marcharon al Derby County, donde permanecieron del 67 al 73. Cogieron a los Rams en Segunda y los convirtieron en campeones de Inglaterra en el 72. Sin embargo, a Clough le gustaba mover todo a su antojo y el presidente del Derby decidió despedirle en 1973, tras realizar la contratación más cara en la historia del club sin haber consultado al máximo mandatario de la entidad.

Junto con Peter Taylor se marchó al Brighton & Hove Albion, de la Tercera División, por donde pasó sin pena ni gloria durante una temporada, antes de aterrizar en el Leeds. En aquellos momentos, el conjunto de Elland Road era el mejor de Inglaterra tras haber ganado el título en el 74 y la F.A. Cup en el 72. Nada más entrar en el vestuario del Leeds fue muy claro con sus jugadores: “Hasta donde yo sé, podéis tirar todas esas medallas que habéis ganado estos años a la basura, ya que las ganasteis todas robando”.

Con la mayoría de la plantilla en su contra, el Leeds obtuvo unos resultados pésimos en el inicio del campeonato. Ello, y que su inseparable Peter Taylor no le acompañó en esta aventura, propició que 44 días después de su llegada el club le despidiera. “Hoy es un día espantoso… para el Leeds United”, señaló el técnico al conocer la noticia.

En el 75, ya con Peter Taylor a su lado, aceptó una propuesta del Nottingham Forest y logró que el equipo pasara de vagar por la Segunda División con muchos problemas a convertirlo en hasta dos ocasiones en campeón de Europa. De hecho, el Forest es el único equipo del Viejo Continente que tiene más copas de Europa que títulos de Liga en sus vitrinas. Antes de jugar la segunda final de la Copa de Europa, Peter Shilton, portero de aquel mítico equipo, recriminó a Clough las condiciones en las que se encontraban los campos de entrenamiento en los que preparaban el decisivo encuentro. Brian, ni corto ni perezoso, le dijo que le llevaría a un sitio perfecto y Shilton acabó en una glorieta con césped en el centro en medio de la carretera y con los coches pasando alrededor.

Y es que Cloguh tenía muy claro que el único que mandaba en el vestuario era él:”Si me discutiera un jugador nos sentaríamos juntos unos veinte minutos, hablaríamos del asunto y al final decidiríamos que yo tengo razón”. Por este tipo de cosas Clough recibió el apodo de Old Big ‘Ead (“viejo creído”), aunque él justificaba su mote: En ocasiones he sido un poco creído. “Creo que la mayoría de la gente lo es cuando pasan al primer plano. Me llamo a mi mismo Old Big ‘Ead sólo para recordarme no volver a serlo”.

Y es que si había una cosa clara es que su figura no dejaba indiferente a nadie. A ello, además de su excepcional trabajo como técnico, ayudaron ciertas frases célebres como: “Ya sé que Roma no se construyó en un día, pero es que yo no me encargué de ese trabajo” o “¿Qué si me considero el hijo de Dios en la tierra? No, ése es mi hijo”. A muchos, también, no les gustaba Clough porque continuamente criticó el juego directo a base de pelotazos que se desarrollaba en Inglaterra: “Si Dios hubiera querido que el fútbol se jugara en las nubes, no habría puesto hierba en el suelo”.

Brian dejó el Forest en el 93, después de que éste descendiera a Segunda y de que comenzaran a ser muy graves los problemas que tenía con el alcohol. Unas dolencias que provocaron su muerte en 2004 tras haberle realizado un transplante de hígado. Su funeral se celebró en el Pride Park Stadium, estadio del Derby County, debido a que la catedral de la ciudad se quedó pequeña para despedirle. Sin embargo, antes de morir dejó otras de sus múltiples perlas al referirse a Sir Alex Ferguson, uno de sus máximos detractores: “Por muchos caballos, títulos de caballero y campeonatos que tenga, el no tiene dos que yo sí que tengo. Y no me refiero a pelotas”. Se refería a que él había ganado dos copas de Europa y Ferguson entonces únicamente tenía una en su palmarés. Genio y Figura.

*Para todo aquel que esté interesado en Brian Clough recomendamos que vean el film  “The damned united”, en el que se refleja su paso por el Derby y el Leeds.