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20 años de la muerte de Agostino di Bartolomei

Agostino di BartolomeiCon la resaca aún del Real Madrid – Atlético de Madrid de Champions, este viernes 30 de mayo se cumplen 30 años de la final de la Copa de Europa que disputaron Roma y Liverpool. Un partido que marcó para siempre a Agostino di Bartolomei.

La historia de Di Bartolomei, o al menos su inicio, es la soñada por cualquier niño. Agostino, también conocido como Ago por los tifossi, desde pequeño fue fiel seguidor de la Roma y tenía claro cuáles eran sus sueños: poder debutar con los giallorossi y levantar como capitán algún título con éstos.

El primero lo cumplió el 22 de abril de 1972, al poco de cumplir los 17 años, cuando logró debutar en partido oficial con la Roma en un encuentro contra el Inter en Milán que acabó con empate a cero. Tras tres temporadas en el primer equipo en los que únicamente disputó 23 partidos, el club capitalino cederle por un año al Vicenza.

Le sobraban ganas, pero aún le faltaba algo de experiencia para poder ser un jugador importante en su amada Roma. Por ello, la temporada en el Vicenza le vino fenomenal. Tanto que a su vuelta al club capitalino, Nils Liedholm, técnico del equipo tenía claro que quería que Di Bartolomei fuera el timón que moviera al equipo y se lo dejó claro: “Ahí dentro serás mi capitán y ellos te adorarán. No hay nadie más romanista que tu”.

Agostino di Bartolomei No falló Liedholm en su apuesta, ya que Di Bartolomei desde el medio del campo se convirtió en el líder de la Roma y la hinchada le adoraba porque le consideraba casi como un tifossi más dentro del terreno de juego. La excelente relación que guardaban Ago y la Roma llegó a su punto máximo en 1983, cuando los giallorossi lograron el segundo Scudetto de su historia y el encargado de levantar el trofeo de campeón como capitán fue Di Bartolomei.

En la siguiente temporada, la Roma tenía un gran reto: ganar la primera Copa de Europa de su historia, ya que la final del torneo se iba a disputar en el estadio Olímpico de la capital de Italia. Guiados por un gran Di Bartolomei, los romanistas lograron la gesta de alcanzar la final. Parecía imposible que se les fuera a escapar el título jugando en casa.

Sin embargo, en fútbol nunca se puede dar nada por seguro y el Liverpool se acabó llevando la ansiada orejona tras imponerse en los penaltis 4-2 después de un tedioso partido. Di Bartomei marcó su correspondiente pena máxima, pero sintió que se le había pasado una ocasión única para convertir en inmortal a aquella Roma.

La pesadilla de Ago no acabó ahí, ya que poco después el club hizo oficial que el entrenador de la siguiente temporada iba a ser Sven Goran Eriksson y el técnico sueco le hizo saber que no contaba con él y que quería que su capitán fuera Carlo Ancelotti. Por ello, su último partido con la camiseta giallorosa fue la final de la Coppa contra el Verona que ganó su amada Roma, aquella que ahora le daba la patada.

Agostino di BartolomeiLa curva sur, que le sentía como uno más de los suyos, le dedicó la siguiente pancarta: “Te han echado de la Roma pero no de su curva”. Di Bartolomei se marchó al Milan, donde estuvo tres temporadas sin pena ni gloria para luego militar en el Cesena y la Salernitana. Ago siempre esperó una llamada para regresar a la Roma y poder colgar allí las botas, pero ésta nunca llegó.

Sin embargo, una vez retirado no perdió la ilusión de poder regresar al club de sus amores como directivo. Pero ésto tampoco llegó. Di Bartolomei ejerció de comentarista en televisión tras jubilarse como futbolista y alguno de los comentarios que hizo no gustaron a los dirigentes romanistas, que le cerraron las puertas del club para siempre.

Intentó resarcirse montado una escuela de fútbol, pero la tuvo que cerrar porque tampoco contaba con mucho dinero, ya que gran parte de éste lo perdió invirtiendo en bolsa. De esta manera, frustrado y desolado por no volver a su querida Roma, no hacía más que repasar en su cabeza aquella final de la Copa de Europa de 1984. Siempre creyó que un triunfo le habría dado un hueco en su club para siempre.

Por ello, en la mañana del 30 de mayo de 1994, justo cuando se cumplían 10 años de la final entre Roma y Liverpool, cogió una pistola Smith & Wesson, calibre 38, se dirigió a la terraza de su casa y se pegó un tiro al corazón. Junto al cadáver se encontró una nota que decía lo siguiente: “Mi sento intrappolato in una buca” (Me siento encerrado en un agujero).

A la afición romanista se le heló el corazón al conocer el trágico suceso. Muchos tifossi contrataron varias páginas en los periódicos para despedirse de su querido jugador con la siguiente leyenda: “Niente parole… solo un posto en el fondo al cuore. Ciao Ago” (No hay palabras… solo un puesto en el fondo del corazón. Adiós Ago).

DEP Agostino di Bartolomei

La llamada que cambió la vida de Tito Vilanova

abril 28, 2014 Deja un comentario

VilanovaEl mundo del fútbol se encuentra en estado de luto después de que el pasado viernes se hiciera oficial el fallecimiento de Tito Vilanova. Un hombre que se marchó de la misma manera con la que logró ganarse el respeto de todos: sin hacer mucho ruido.

Sin embargo, la gran mayoría de la gente no se habría enterado de la muerte del ex técnico del Barça de no ser por una llamada que recibió Tito en junio de 2007 y que cambió su vida y la del Barcelona. Por aquel entonces, el club azulgrana ofreció a Pep Guardiola que se hiciera cargo del Barça B.

El filial ‘culé’ pasaba por uno de los peores momentos de su historia tras haber descendido a Tercera División y ésto conllevaba una profunda remodelación en la cantera de la entidad catalana. Sin ir más lejos, el Barcelona C desapareció. Por ello, se ofreció la dirección del Barça B a Guardiola, que aceptó el puesto y la exigencia de ascender al equipo aquella temporada.

La prensa especuló con que Pep iba a llegar al filial azulgrana acompañado de su admirado Juanma Lillo. Se equivocaron. Lo que hizo Guardiola fue acordarse de Vilanova, compañero suyo en La Masía y que conocía de primera mano el fútbol base catalán -algo básico de cara a competir en Tercera, donde apenas había vídeos que analizaran a equipos rivales-, y decidió llamarle para ofrecerle ser su segundo.

Vilanova por aquel entonces era el director deportivo del Terrasa, que militaba en Segunda División B. Justo cuando le llamó Guardiola, el Terrasa le había ofrecido ser el entrenador del equipo para la temporada 2007/2008, algo que le seducía bastante.

Ir al Barça B implicaba ganar menos dinero, descender una categoría y ser segundo entrenador y no primero. Sin embargo, su amor al Barcelona era más grande y no dudó ni un minuto en aceptar la oferta de Guardiola pese a ser consciente de que el Barça en el pasado le había enseñado la puerta de salida hasta en dos ocasiones: primero como jugador y luego como entrenador de la cantera culé.

Para él el Barcelona estaba por encima de eso: era lo máximo. Una anécdota reflejada en el diario ‘El Mundo’ deja bien claro lo mucho que para Vilanova significaba el Barça. Siendo un preadolescente y jugando en el equipo de su pueblo, su entrenador ordenó a Tito que cubriera al mejor jugador del rival. Sorprendentemente, durante el partido Vilanova pasó de las instrucciones de su técnico y sólo se preocupó en tratar de marcar.

Tal fue la obsesión de Tito con anotar que el entrenador finalmente decidió cambiarle porque veía que sus ganas de marcar estaban perjudicando al equipo en labores defensivas. Con Vilanova ya en el banquillo, el entrenador atónito porque Tito hubiera pasado de sus indicaciones le preguntó el por qué de su actuación. La respuesta que recibió fue clara: “Mi madre me había dicho que si marcaba me compraría el chándal del Barça”.

Años más tarde no sólo conseguiría aquel chándal, ya que entró con 15 años en La Masía, sino que obtuvo algo más importante: el corazón y respeto de todo el barcelonismo.

DEP Tito Vilanova, te echaremos de menos

Dener, el Garrincha que se quedó en el camino

Se suele decir que el fútbol es un deporte que inventó Inglaterra pero que perfeccionó Brasil. El que esta última sea una cantera inagotable de talento es buena prueba de que este dicho no está mal encaminado. Sin embargo, no siempre todos los talentos han logrado llegar al estrellato.

Una buena prueba de ello es Dener Augusto, uno de los mejores futbolistas que dio Brasil en la década de los 90 pero al que la tragedia le impidió progresar en un camino hacia el estrellato. Dener, al igual que muchos niños brasileños, tuvo una infancia difícil.

Se vio obligado a trabajar, aunque nunca renunció a su sueño: triunfar en el mundo del fútbol. Después de una mala experiencia en el Sao Paulo, a los 17 años logró reengancharse en el mundo del fútbol en la Portuguesa. Su calidad en la media punta le llevó a ser nombrado como el mejor jugador de la Copa Sao Paulo Junior que conquistó la Portuguesa.

Su buen rendimiento le hizo subir al primer equipo, donde comenzó a llamar la atención de toda Brasil con sus endiablados regates. Además, era un futbolista muy deseado por muchos clubes porque también tenía gol. “Es una mezcla del regate de Garricha con la definición de Pelé”, decían los aficionados brasileños al verle jugar. Ahí es nada.

Por ello, debutó en la selección brasileña cuando contaba sólo con 20 años. Fue el 27 de marzo de 1991 contra la selección argentina. En la Portuguesa estuvo tres temporadas, donde marcó una media de doce goles por campaña. Algo que demuestra que era un jugador con mucha llegada desde la segunda línea.

En 1993 dio el salto al Gremio, donde logró el primer título de su carrera en categoría absoluta: el campeonato Gaucho. En 1994 se marchó al Vasco da Gama, uno de los clubes más grandes de Brasil, y cuando iba camino de ganar el campeonato Carioca y todos le daban como fijo para que Zagallo le incluyera entre los 23 elegidos para  jugar el Mundial de 1994 la tragedia se cruzó en su camino.

A pesar de jugar en aquella época en Vasco, Dener seguía perteneciendo a la Portuguesa. Por ello, el fin de semana del 16-17 de abril viajó a Sao Paulo para reunirse con los dirigentes de este club para negociar su pase a Europa, concretamente al Stuttgart alemán.

Sin embargo, cuando Dener volvía de Sao Paulo sufrió un terrible accidente que acabó con su vida. El conductor del coche se durmió al volante y Dener, que iba de copiloto, falleció ahogado por el cinturón de seguridad después de la colisión del coche. Murió entonces un jugador y nació entonces un mito, del que, lamentablemente, en un Europa nos quedamos con las ganas de disfrutar.

Miki Roqué, el trotamundos que soñaba con jugar al fútbol

junio 25, 2012 Deja un comentario

La muerte de Miki Roqué deja huérfano al fútbol de un jugador que, pese a su juventud, 23 años, ya era todo un veterano en el fútbol, ya que no le importó hacer las maletas para poder disfrutar de su sueño: ser futbolista.

Nacido el ocho de julio de 1988 en Tremp, Lleida, comenzó a dar patadas a un balón por primera vez en el modesto Algar. Allí jugaba por pura diversión, únicamente por pasar un buen rato con los amigos. Sin embargo, sus cualidades como central no pasaron desapercibidas para el Lleida, que no dudó en reclutarlo para su cantera cuando apenas tenía 14 años.

En la entidad leridana comenzó a destacar como un defensa central contundente, con buena anticipación y un buen juego aéreo. Características que provocaron que en 2005 Paco Herrera convenciera a Rafa Benitez para reclutar a aquel chico escuálido pero con mucho futuro al Liverpool. Un fichaje que conllevó muchas críticas a los ‘Reds’, ya que utilizaron el cambio de residencia para así no abonar nada al Lleida, que montó en cólera al perder al jugador.
Con el equipo inglés, el 5 de diciembre del 2006 cumplió uno de sus sueños de infancia: jugar la Liga de Campeones. Lo hizo con 17 años contra el Galatasaray, tras sustituir a Xabi Alonso. Aquel día, además, hizo historia con el club de Anfield, pues se convirtió en el jugador más joven en disputar la máxima competición continental con el equipo inglés.

A partir de entonces inició en 2007 un carrusel de cesiones que le llevaron primero al Oldham Athletic, también en Inglaterra, donde apenas tuvo oportunidades. En el verano de aquel mismo año recaló en el Xerez en busca de que su país le diera las oportunidades que le negó el fútbol británico, pero allí nunca tuvo confianza y sólo disputó un encuentro con la camiseta azulona.

En 2008 recaló a préstamo en el Cartagena, donde se asentó como titular. Sus actuaciones con el ‘efesé’ sirvieron para que el Betis le fichara en 2009, pese a que el Barcelona y el Villarreal también habían mostrado interés para reclutarle en sus equipos filiales.

En el conjunto verdiblanco alternó algunas apariciones con el primer equipo con partidos con el ‘B’ hasta que Pepe Mel decidió subirlo de manera definitiva al primer equipo en 2010. No jugó mucho con los andaluces, pero con su carácter afable se ganó a todo el vestuario verdiblanco.

Tanto que cayó como un jarro de agua fría cuando anunció el 11 de marzo de 2011 su retirada del fútbol debido a un tumor maligno en la pelvis. El mundo del fútbol se volcó entonces con él, tanto que Carles Puyol lució una camiseta con la leyenda “Ànims Miki!” cuando el Barcelona ganó en Wembley su cuarta Copa de Europa.

Todos esperaban que Roque iba a salir victorioso de ese duro partido contra el cáncer, por ello todos lloran la pérdida del joven de 23 años del que ya nunca más se olvidará el fútbol español.

El drama de Prandelli

junio 11, 2012 1 comentario

La vida no ha sido un camino de rosas para Cesare Prandelli, el seleccionador de Italia. Más bien todo lo contrario. Ha sido una travesía que siempre le ha presentado la peor de sus caras y la mayor de sus dificultades. Sin embargo, él lo ha sabido asumir siempre con entereza y valentía para poder salir adelante.

El primer golpe duro que se llevó fue a los 16 años, cuando murió su padre. Pese a ello, supo reponerse y levantarse para lograr su sueño: ser futbolista. Lo consiguió, pero la mala suerte siguió acompañándole. Sin ir más lejos, cuando jugaba en la Juventus de Turín no pudo disfrutar de la única Copa de Europa  que ganó como jugador, ya que se produjo en medio de la tragedia de Heysel, una de las más dramáticas de la historia del deporte porque murieron 39 personas.

Una lesión de rodilla a los 32 años le hizo colgar las botas antes de lo que él hubiera imaginado, por ello decidió reinventarse como entrenador. Con mucho trabajo y esfuerzo logró entrenar en la Primera División. Su primera oportunidad en un equipo de relativo nivel fue el Parma. Sin embargo, al poco de su llegada se produjo la caída del grupo Parmalat, que era el sustento económico de la entidad y el club entró en una gran crisis.

Sin embargo, Prandelli supo sacar adelante al equipo y la Roma le contrató para la temporada 2004/2005. Era el reto más importante de su carrera, ya que el conjunto capitalino era el subcampeón del campeonato. Pese a ello, a los pocos meses tuvo que dimitir porque a su esposa le detectaron un cáncer de pecho y decidió dedicarle todo su tiempo a ella, que lamentablemente falleció años más tarde.

Aun así, el fútbol le ha quiso dar una nueva oportunidad y en 2005 cogió las riendas de la Fiorentina. En Florencia la suerte volvió a jugarle una nueva pasada. En 2008 alcazó con el equipo ‘viola’ las semifinales de la Copa de la UEFA, en las que se enfrentó al Glasgow Rangers escocés. Pese a que los italianos fueron superiores en toda la eliminatoria, cayeron eliminados en los penaltis. Prandelli, en un gran gesto, obligó al final de los mismos que sus jugadores hicieran pasillo al Rangers.

Sus cualidades no pasaron desapercibidas para la Federación Italiana de Fútbol, que le nombró seleccionador en 2010. Después de la difícil tarea de reconstruir un equipo que estaba hundido tras el fracaso del Mundial de Sudáfrica, la vida le ha vuelto a poner una nueva piedra en el camino: la trama de las apuestas que ha estallado en Italia ha alterado la concentración para la Eurocopa y se ha cobrado una víctima, Criscito. Ahora le toca a Prandelli tratar de volver a salir adelante.

Jesús Castro, el ángel de la portería

julio 25, 2011 1 comentario

En el fútbol, como en la mayoría de deportes, se suelen ver pocas parejas de hermanos rindiendo en la más alta competición. Y es que para llegar a obtener un sitio en la élite el trabajo previo es muy duro y sacrificado, por lo que, en la mayoría de las ocasiones, alguien se suele quedar en el camino. En España, afortunadamente, hemos podido disfrutar de grandes sagas de deportistas. Una de ellas ha sido la de los Castro: Jesús y Enrique. Dos hermanos que dejaron huella en el fútbol precisamente por ejercer dos roles antagónicos: el primero se encargaba de evitar los goles y el segundo siempre tenía la portería entre ceja y ceja. Normalmente, siempre que se habla de ellos se suele destacar a Enrique, también conocido como Quini. Sin embargo, la historia de Jesús también merece ser contada.

Jesús, al que también conocían como Chusi, inició su carrera junto a su hermano en el Bosco Ensidesa, un equipo juvenil que les pillaba a ambos cerca de casa. Allí destacó por ser un portero sobrio y con una gran agilidad bajo los palos. Cualidades que hicieron que Jesús Barrio recomendara su fichaje al Sporting de Gijón allá por el año 68. El club rojiblanco viendo los buenos informes que había recibido de Barrio no dudó en contratarlo y el 14 de abril de ese mismo año debutó con el conjunto asturiano.

No tuvo mucha suerte aquel día, ya que el Sporting perdió 4-2 con el Celta de Vigo. Sin embargo, se afianzó en la portería de El Molinón y logró convertirse en uno de los jugadores más destacados del centenario equipo tras disputar hasta 1985, año en el que se retiró por unos problemas que le aquejaban en la espalda, 471 partidos oficiales con los sportinguistas. En aquel tiempo logró disfrutar de dos ascensos a Primera División, un subcampeonato de Liga y de varias clasificaciones para la Copa de la UEFA.  Hechos que hicieron que el Sporting pasara por la mejor etapa que haya pasado jamás.

Esta placa homenajea la gesta de Jesús Castro 

En aquel tiempo, Chusi logró ganarse a la parroquia y al vestuario sportinguista, además de por sus paradas, por la inmensa humanidad que desprendía. “Un chaval fantástico, increíble. Recuerdo además que había veces que le aplaudían en el campo y se ponía colorado de tímido que era. Por eso le llamábamos Manzanón”, relató Vicente Miera, uno de los técnicos que tuvo en su carrera. Y es que hasta los que habían luchado por un puesto en la portería con él sólo tenían buenas palabras hacia su persona. Carlos García Cuervo es un ejemplo de ello: “No hay cinco jugadores con el nivel humano de Castro. Generoso, desprendido, amigo de sus amigos, todo un ejemplo a seguir como futbolista y como persona“.

Sin embargo, lo que era una de sus cualidades más destacadas para él acabó convirtiéndose en algo trágico. El 23 de julio de 1993 se encontraba de vacaciones en la localidad de Pechón, en Cantabria, cuando de repente vio que una familia inglesa con dos niños se había adentrado demasiado en el mar pese a que en la playa ondeaba la bandera roja que prohibía bañarse. Jesús vio cómo los niños que estaban en el agua, de siete y nueve años, corrían un riesgo serio de morir ahogados. Por ello, acogiéndose al instinto del que siempre había hecho gala como portero, no dudó un segundo en lanzarse al mar para rescatarlos. De hecho, la semana anterior había pasado por una situación similar y logró evitar la tragedia.

Sin embargo, esta vez no fue así. Los niños, gracias al coraje y pundonor de Chusi, lograron acercarse a la orilla y sobrevivir, pero el portero no corrió la misma suerte. Una fuerte marea le impidió salir del agua y murió ahogado. A su funeral, celebrado en la iglesia de San Nicolás de Bari, situada en Avilés, la localidad que le vio crecer, acudieron miles de personas. Todos querían despedir a un buen portero y a una mejor persona. Tanto que aquel día comenzó a gestarse la leyenda de Jesús Castro. Aquella que dice que cada vez que en El Molinón alguien se queda sin marcar es porque su espíritu andaba presente para evitarlo. Si no dudó en arriesgar su vida por unos niños a los que no conocía ¿no iba a hacer lo mismo por su Sporting?

Varallo y el adiós a la esencia del fútbol

septiembre 1, 2010 2 comentarios

Al fin ya dieron comienzo todas las grandes ligas del mundo. Sin embargo, esta temporada el balón no va a rodar como antes. Falleció Francisco Varallo, el último superviviente de la final del Mundial de 1930, y con él se fue un pedazo de la historia del fútbol. Un trozo de una época que hoy añoran los más románticos: no había en juego ni dinero ni medallas, sólo hambre de gloria.

Varallo nació el cinco de enero de 1910, aunque su primera reacción con el balón, aquel que tanto le quiso durante su carrera, fue de desamor. Sus padres le regalaron uno cuando era muy pequeñito y éste se le acomodó a su pierna buena y disparó contra la pared. Lo hizo tan fuerte que reventó aquella pelota. Este hecho hizo que llorara desconsolado sin saber, inocencias de la niñez, que aquel día había comenzado a forjar una leyenda.

Y es que si algo caracterizó a Varallo fue la potencia con la que disparaba. Por esto recibió el apodo de cañoncito.  Francisco dio sus primeros pasos en el club 12 de octubre, de su querido barrio de Los Hornos. Sin embargo, éste pronto se le quedó pequeño y de ahí pasó a Gimnasia, donde ayudó a que los lobos lograran el primer y único título que tienen hasta la fecha. En 1930, Mario Sureda, delegado de Gimnasia, confió en él y lo propuso ante los miembros de la Federación, que eran quienes por entonces elegían a los jugadores, para que disputara el Mundial del mismo año. Así finalmente fue incluido en el equipo que viajó a la otra orilla del Río de la Plata.

Un golpe del chileno Subiabre provocó que llegara entre algodones a la final del Mundial. La albiceleste le forzó a jugar, desaconsejando los consejos de los médicos, y el resultado fue que Varallo, que apenas podía andar, se tuvo que retirar casi de inmediato. Sin embargo, con apenas 20 años que tenía entonces su estrella comenzó a emerger.

Tras el Mundial jugó en Velez y Boca Juniors. En ambos tuvo un papel destacado. Sobre todo con los Xeneices, con los que consiguió realizar 181 goles. Una cifra récord que hace poco fue superada por Martín Palermo. Aun así, el mundo del fútbol le está agradecido. Cuentan que hoy la pelota se ha declarado en huelga. Con la muerte de Varallo éste se ha llevado un pedazo de historia al cielo, la última que quedaba del fútbol más romántico.  Aquel en el que la pelota era la única protagonista y en la que jugadores como Varalla pueden permitirse el lujo de despedirse como cantan Los tangos de Carlos Gardel:

Dos lágrimas sinceras derramo en mi partida

por la barra querida que nunca me olvidó,

y al dar a mis amigos mi adiós postrero

les doy con toda mi alma, mi bendición.