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La Juventus reincidente: el penalty a Ronaldo y el Scudetto del 98

Durante la pasada semana no se ha habló de otra cosa en Italia: el balón que sacó desde dentro de su portería Buffon en el Milan-Juve pero que el árbitro no estimó, para asombro de todos, como gol. El tanto habría supuesto el momentáneo 2-0 y hubiera dejado al Milan en clara posición de ventaja para ganar el Scudetto. Sin embargo, el gol no subió al marcador,la Juve logró empatar en la segunda mitad y ahora son ellos los claros favoritos para ganar el título. Este capítulo resucitó otro ya antiguo, cuando en un Juventus-Inter de la temporada 97/98 un nuevo error clamoroso del árbitro puso la liga italiana en bandeja para la Vecchia Signora. 

Corría el 26 de abril de 1998, Juventus e Inter se iban a ver las caras en Delle Alpi cuando apenas restaban cuatro jornadas para el final del campeonato. Los bianconeri lideraban la tabla por un punto de ventaja con respecto a los neroazzurri tras una temporada en la que ambos estaban manteniendo un mano a mano espectacular. El partido era, por tanto, casi decisivo para el devenir del título. 

La Juve fue la que comenzó dominando el choque, tanto que una genialidad de Alex del Piero puso al equipo entrenado entonces por Marcello Lippi por delante en el marcador en el minuto 21. Sin embargo, el Inter supo sobreponerse al golpe y reaccionó como mejor sabía: buscando la portería contraria. Justo cuando más parecía que estaba el empate visitante, más o menos por el minuto 70, Ronaldo se internó dentro del área local dispuesto a batir a Peruzzi. No lo pudo hacer porque Iuliano le salió como una exhalación y le derribó en lo que era un claro penalty.

Sin embargo, para sorpresa de todos, el árbitro Piero Ceccarini no señaló la pena máxima y dejó que siguiera el juego. Tanto que mientras los jugadores del Inter prácticamente se tiraban de los pelos porque no entendían lo que acababan de ver,la Juventus montó un rápido contragolpe que acabó en penalty sobre Del Piero, que esta vez si que señaló Ceccarini.

Cuando sucedió esto los interistas fueron todos prácticamente a comerse al árbitro, quien decidió expulsar a Gigi Simoni, técnico de los neroazzurri, por saltar al campo a protestar. “¡Avergüéncese! ¡Avergüéncese por ser capaz de hacer algo así!”, le gritó Simoni mientras enfilaba el camino de los vestuarios. El partido prosiguió y Del Piero falló el penalty. Dio igual, el Inter estaba desquiciado pensando en el penalty de Ronaldo y deambuló los últimos minutos de cuerpo presente pero de mente ausente. Una muestra de ello fue Ze Elías, que dejó a los milaneses con 10 por pegar un codazo fruto de la desesperación. Así el partido acabó con 1-0.

“Claro que estoy contento, ¿por qué no habría de estarlo?”, dijo Ceccarini cuando abandonaba el estadio y era preguntado por los periodistas por la polémica jugada que había marcado el partido. La opinión de Ronaldo difería de la del árbitro: “Ha sido un auténtico robo. Me da igual si me sancionan pero es que ha sido una vergüenza.  Sólo el árbitro no ha visto el penalti que me han hecho. Me siento triste, muy triste, porque un partido así no lo tendría que haber decidido nunca el árbitro. El campeonato está adulterado”. Massimo Moratti, presidente del Inter, también habló en la misma línea: “Que no me tomen más el pelo. Ha sido un auténtico robo, a un nivel de ridículo total. Mejor que el campeonato acabe aquí porque no tenemos ganas de que se sigan riendo de nosotros. No creo que haya una mano directa dela Juventus, son los árbitros, que se empeñan en favorecer al cuadro juventino. Mejor no jugar más, así nos evitamos esfuerzo”.

A la Federación no le tembló el pulso y sancionó con tres partidos, todo lo que quedaba de campeonato, a Simoni y Zamorano y con dos a Ronaldo y Ze Elías. Ahí se acabó el Scudetto, pues el Inter acusó el golpe en lo psicológico y no se supo reponer del golpe sufrido en Delle Alpi.La Juventus conquistó el título en la última jornada, pero todos sabían que donde realmente había quedado sentenciado fue contra el Inter.

Tiempo más tarde, Ceccarini reconoció su error: “Sobre Ronaldo me equivoqué”. Demasiado tarde para el Inter, demasiado tarde para Simoni. “El penaty me privó de la oportunidad de estar diez años seguidos entrenando en una grande”, dijo el técnico en 2009 en una entrevista concedida al programa Fiebre Maldini.

El gol de Tuta

Marcar. Hacer un gol. Ése es el objetivo con el que saltan al terreno de juego miles de delanteros cada fin de semana en todo el mundo. Perforar la portería rival supone lo máximo para todos ellos. Bueno para todos no. Seguramente que uno no está de acuerdo con lo anteriormente escrito. Su nombre es Tuta y en 1999 su equipo, y el rival ante el que se enfrentaba, se le echaron encima. Su pecado: lograr el gol de la victoria en el último minuto. 

24 de enero de 1999, Venezia y Bari se enfrentan enla SerieA.Ambos conjuntos llegaban al partido con una misma amenaza: el descenso. Por ello, todo lo que no fuera puntuar suponía un gran paso atrás y un gran golpe moral de cara a obtener la salvación. El encuentro comenzó con mucho ritmo, ya que a los ocho minutos Maniero adelantó al Venezia. Sin embargo, en el comienzo de la segunda mitad De Ascentis logró llevar las tablas al marcador. 

Conforme iban pasando los minutos, y según se estaban dando los resultados en la jornada, ambos conjuntos decidieron dar el empate por bueno, ya que estaban logrando sus objetivos: puntuar y alejarse de los puestos del descenso. De esta manera, ambos dejaron de atacar y cuando tenían el balón no arriesgaban ningún pase en lo que parecía una especie de pacto no escrito. 

Todo iba bien hasta que en el minuto 77 Walter Novellino, técnico del Venecia entonces, tomó una decisión que iba a cambiar el desenlace del partido: decidió meter en el campo a Tuta y sacó a Recoba, su mejor hombre. Tuta era un delantero que había aterrizado en Italia procedente dela Portuguesade Brasil, donde era conocido como “el fenómeno dela Laguna”, y esa temporada su mayor momento de gloria se reducía a un tanto que había marcado en Coppa contrala Juventus. 

Por ello, salió con muchas ganas de agradar. Sin embargo, que Tuta no diera un balón por perdido no gustó ni al Bari ni a sus propios compañeros, que viendo que el ariete era una seria amenaza para romper el empate, decidieron pasarle en pocas ocasiones el balón. Sin embargo, una de las pocas ocasiones en las que Tuta agarró el esférico fue en el último minuto, cuando logró el gol de la victoria. Tuta, en pleno éxtasis, corrió como un loco por la banda para festejar su tanto. Aunque al poco se dio cuenta de algo que para él era muy extraño: ningún compañero había ido a felicitarle. Es más, la mayoría, incapaces de fingir alegría, se llevaron las manos a la cabeza y los jugadores del Bari le querían matar.

De hecho, de camino a los vestuarios, después de que se confirmara la victoria del Venezia, varios jugadores del Bari intentaron agredir al brasileño por romper el pacto no escrito. Tuta no entendía nada, él había cumplido con su trabajo: marcar goles. El caso tuvo tal repercusión que una comisión investigó el posible amaño del partido. “Maniero me ha dicho que el partido era mejor que acabara 1-1”, declaraba un Tutta aún atónito. 

El presidente del club, Maurizio Zamparini, ante la amenaza de recibir una sanción por las palabras de Tuta en el juicio fue contundente: “El chico ha llegado hace poco a Italia, no entiende bien la lengua y se equivoca”. Finalmente, el juicio acabó en nada y ninguno de los dos clubes fue sancionado. Algo parecido pasó con la carrera de Tuta en Italia, acabó regresando en verano a Brasil por cumplir uno de los sueños que tenía cuando fichó por el Venezia: marcar el gol de la victoria de su equipo en el último minuto. Y es que el fútbol, en ocasiones, es muy cruel.

Filippo Inzaghi, el rey europeo del gol

noviembre 9, 2010 1 comentario

Hablar de Filippo Inzagui es sinónimo de hacerlo de gol. Los dos tantos que marcó contra el Real Madrid en la Liga de Campeones sirvieron para que Supper Pippo, como le apodan en Italia, llamara a las puertas de la historia. Superó a Torpedo Muller y se convirtió, junto con el exmadridista Raúl, en el máximo goleador de las competiciones europeas.

Y es que Pippo pertenece a una estirpe de jugadores de la que ya pocos quedan, a la de aquellos que todo el mundo mira de reojo cuando el marcador no hace más que bostezar. Inzaghi ya no es aquel joven que marcó en 1995 su primer gol en la Serie A con el Parma de Nevio Scala y Hristo Stoichkov. Sin embargo, mantiene intacta su buena relación con el gol, al que tiene siempre entre ceja y ceja. Algo que, aunque parezca increíble, alguna vez le han recriminado. “Prefiere hacer tres goles y perder cuatro a tres, que no hacer goles y ganar uno a cero”, dijo sobre él en una ocasión el díscolo Paolo di Canio.

Además de para convertirse en el máximo goleador en competiciones europeas, los dos goles contra el Real Madrid sirvieron a Filippo para superar a Shevchenko como máximo cañonero del Milan en partidos internacionales y dejar atrás a Van  Basten en el ránking de goles histórico del conjunto lombardo. Y es que aquella noche contra los blancos fue mágica para el nueve de los rossoneri. Además de obligar a José Mourinho a tragarse las ganas de colgarse la medalla del primer triunfo merengue en San Siro, volvió a recordar Atenas 2007.

Allí, en tierras griegas, Inzagui, convertido en filósofo del gol, cambió las lágrimas que todos los milanistas derramaron dos años antes en Estambul por alegría y gloria. La remontada del Liverpool de 2005 ya no fue más que un mal sueño que Filippo se encargó en esfumar con sus goles. El próximo reto de Inzagui es alcanzar a Roberto Baggio como tercer goleador histórico italiano. Un gol le falta para alcanzarlo.

Sin embargo, éste lo mismo lo consigue con una camiseta distinta a la del Milan. Ibrahimovic, Pato, Robinho y Ronaldinho le relegan a un segundo plano en el que a él no le gusta estar. Es cierto que ya tiene 37 años, que no tiene una excesiva velocidad y que no puede presumir de tener una gran habilidad con el balón en los pies. Aun así los 315 tantos que ha marcado en su carrera vienen a demostrar que su matrimonio con el gol sigue intacto y el banquillo no es lugar para el rey de la máxima esencia en el fútbol. Por algo Mourinho antes de enfrentarse al Milan respiraba aliviado al saber que Pippo de entrada no iba a estar en el terreno de juego.

La tragedia de Superga

mayo 4, 2010 3 comentarios

En la historia del fútbol siempre ha habido de todo. Desde equipos que marcaron época pero a los que el paso del tiempo enterró en el cajón del olvido hasta otros que siempre permanecerán en la memoria de los aficionados porque se han convertido en leyenda. Un claro ejemplo de esto último es el Grande Torino de los cuarenta, un mito que fue frenado por la “tragedia de Superga”.

Ferrucio Novo era un hombre que tenía una idea clara: hacer grande al Torino, una vez que el conjunto granota había ascendido a la Serie A en los años 30. Por ello, fichó para el club a Valentino Mazzola y Ezio Loik, ambos fichados al Venezia, que resultaron fundamentales para que los italianos se hicieran con el segundo Scudetto de su historia en la 42-43. Sin embargo, el inicio de la Segunda Guerra Mundial hizo que la progresión de los turineses se detuviera porque el campeonato italiano, al igual que todos los de Europa, se suspendió. 

Una vez finalizada la contienda, poco a poco, todo fue el volviendo a la normalidad y el fútbol no fue una excepción. El campeonato se reanudó y el Torino consiguió cosechando éxito tras éxito, al que le valió para que le pusieran el apodo de “Grande Torino”. Los granota eran el equipo más temido en Italia, puesto que, sumando el título que conquistaron antes de la guerra, sumaban cuatro Scudetti de manera consecutiva. De hecho, diez de los once titulares de la selección italiana formaban parte de la selección Azzurra.

Sin embargo, el destino tenía preparado un fatídico final para este equipo. Los italianos fueron invitados por el Benfica para jugar un amistoso en Lisboa en memoria de José Ferreira, que se retiraba. Cuando los transalpinos se disponían a hacer el viaje de regreso a casa, el 4 de mayo de 1949, 18 futbolistas de la plantilla fallecieron después de que el avión Fiat G212CP se estrellara contra la basílica de Superga. Años después, las autoridades italianas dictaminaron que las nubes bajas, la falta de ayuda desde la radio y un error de navegación como principales factores causantes del accidente. 

Uno de los que regateó en aquel momento a la muerte fue Ladislao Kubala. El delantero jugaba entonces en el Pro Patria italiano y se encontraba también en Lisboa. En principio, debía de haber regresado a Italia en el mismo avión que los fallecidos, pero su hijo enfermó y tuvo que prolongar su estancia en la capital lusa. 

La tragedia de Superga conmocionó a toda Italia y al resto del mundo. De hecho, nada más conocerse la noticia, el River Plate argentino se puso en contacto con dirigentes el Torino para disputar un amistoso con el objetivo de recaudar fondos para las familias de los fallecidos. Algo que ha provocado que, en alguna ocasión, la segunda equitación del Torino haya sido blanca con una franja que cruza de arriba abajo la camiseta como la de los bonaerenses en eterno agradecimiento a su gesto. 

En tanto, cuando sucedió el fatídico accidente quedaban cuatro jornadas por disputarse del campeonato y el Torino lideraba la tabla. Debido a su situación, los granota tuvieron que jugar con el equipo filial el resto de partidos. Genova, Palermo, Sampdoria y Fiorentina, adversarios suyos, decidieron solidarizarse con el club de Turín y también pusieron equipos repletos de juveniles cuando se vieron las caras con el Torino. El Toro no falló y ganó los cuatro partidos alzándose con el Scudetto.  

Sin embargo, tras la tragedia de Superga son muchos los que aún hoy piensan que el Torino no ha sido capaz de reponerse del accidente. Desde entonces, el club ha dejado de pelear codo a codo con los grandes, salvo alguna excepción, como el Scudetto del 76. Por ello, los aficionados del Toro se repiten que solo tienen un consuelo: mirar al cielo y ver que el Gran Torino aún vuela. Leer más…

Pistone, el sustituto de Roberto Carlos

marzo 2, 2010 2 comentarios

Ahora llevan una racha positiva, con cuatro scudetti ganados de manera consecutiva, pero hasta hace poco decir Inter no era sinónimo de equipo campeón, sino de pifias y grandes fracasos. Uno de los casos que demuestran esto fue la permisividad de los milaneses ante la marcha de Roberto Carlos, pensando que habían hecho un buen negocio con su venta porque contaban en el lateral izquierdo con Alessandro Pistone.                                                                              

Corría el verano del 95 y Massimo Moratti, que hacía poco acababa de acceder a la presidencia del Inter con la ilusión de recuperar el Grande Inter de los 60, había optado por mantener en el banquillo a Ottavio Bianchi, pese a que la afición no estaba para nada de acuerdo con esta decisión. Y es que el técnico completó una paupérrima campaña 94/95 en la que consiguió clasificar a los neroazzurri para la UEFA en la última jornada de liga.

Aun así, Moratti confiaba en Bianchi porque había logrado anteriormente con el Nápoles un Scudetto, una Coppa y una UEFA. Para devolver la gloria al Inter, ese verano llegaron a Milán muchos jugadores, dos de ellos laterales: Javier Zanetti y Roberto Carlos. El argentino llegó a Italia como una apuesta personal de la secretaria técnica, pues hasta entonces era un auténtico desconocido en Europa. Roberto Carlos, por su parte, llegaba avalado por su buen hacer en el Palmeiras y tras haber destacado con Brasil en la Copa América.

Sin embargo, los resultados no acompañaron al Inter en las primeras jornadas y Bianchi fue cesado. Su sustituto de manera provisional fue el español Luis Suárez, que en el breve tiempo que estuvo en el banquillo vivió la eliminación del conjunto italiano a manos del modesto Lugano a las primeras de cambio en la UEFA. Sonaron entonces varios nombres, tres británicos y uno portugués: Alex Ferguson, Terry Venables, Roy Hudgson y Artur Jorge.

Finalmente, sobre todo porque fichar a Ferguson y Venables resultaba imposible, Moratti optó por contratar a Hodgson, que había dirigido con buenos resultados a la selección de Suiza. Una vez ya en San Siro, Hodgson tomó varias medidas para cambiar el rumbo del equipo. Una de ellas fue la de adelantar la posición de Roberto Carlos y convertirle en centrocampista izquierdo porque el inglés le veía demasiado ofensivo para el lateral.

Pese a que Roberto Carlos insistió en que su posición natural era la de lateral y que igual que se incorporaba al ataque también cumplía con sus funciones en defensa, Roy lo sentenció. Planificando la temporada 96/97 con Moratti, Hudgson le vino a decir algo muy parecido a la siguiente conversación al máximo dirigente neroazzurro:

R.H.-Presidente, trate de colocar este verano en el mercado a Roberto Carlos, no sirve para este equipo.

M.M-¿Estás seguro Roy? Algunos intermediarios me han dicho que Fabio Capello le quiere para el proyecto que tiene el próximo año es España y si le quiere será por algo. Además, es internacional con Brasil.

R.H.- Hazme caso Massimo, este jugador no sirve para jugar en Italia, no sabe defender, sólo ataca. Fichemos al lateral izquierdo del Vicenza, Pistone, que si que sabe defender y nos dará buenos resultados 

Ese mismo verano, Moratti hizo caso a su técnico: vendió al lateral brasileño al Real Madrid por 600 millones de pesetas y fichó a Alessandro Pistone del Vicenza para ese puesto. El resultado no pudo ser peor para los italianos. A la siguiente temporada, Hodgson fue despedido al acabar la campaña 96/97 y Pistone también enfiló la puerta de salida del club tras haber pasado de sin pena ni gloria.  ¿Roberto Carlos? Su rendimiento en el Real Madrid provocó que Moratti se tirara de los pelos por haber hecho caso a Hodgson y haber apostado por Pistone.  

El derbi della Madonnina

enero 26, 2010 1 comentario

Este pasado fin de semana el Inter asestó un golpe casi definitivo al Scudetto tras derrotar en el Giuseppe Meazza por dos a cero a su eterno rival de la ciudad: el Milan. El triunfo, además, ha servido para que los neroazzurri confirmen el cambio de tendencia en el partido por excelencia de Milano, pues en los últimos años han logrado quitar a los rossoneri la corona del derby “della Madonnina”.

A lo largo de toda la historia, Inter y Milan se han visto las caras en más de 260 ocasiones. La primera de ellas tuvo lugar el 18 de octubre de 1908 en la localidad suiza de Chiasso. El motivo de que ambos equipos jugaran en la ciudad helvética se debió a los orígenes del Inter.

El club presidido actualmente por Massimo Moratti fue fundado el 9 de marzo de 1908 por siete jugadores procedentes del Milan, éstos se quejaban de que los rossoneri no permitían jugar a ningún futbolista extranjero y por ello decidieron montar su propio club en el que sí que pudieran participar foráneos, de ahí lo de Internazionale.

Muchos jugadores de la primera plantilla de la historia del Inter eran suizos, por eso la primera vez que se vieron las caras con su eterno rival decidieron hacerlo fuera de Italia. Los colores elegidos para la camiseta fueron el negro y el azul. Negro como la noche y azul como el cielo al que aspiraban, señalaron los fundadores.

Pero volviendo a su rivalidad con el Milan, los equipos juegan desde el 3 de marzo de 1980 todos los derbys, el único de Europa que enfrenta a dos campeones del Viejo Continente, en San Siro, ya que hasta esa fecha el Inter jugaba todos sus partidos en el mítico “Arena”. El partido es denominado como el “derbi della Madonnina” en homenaje a la dorada estatua de la Virgen que desde lo más alto del “Duomo” preside la ciudad de Milán.

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Luciano Re Cecconi, el ángel rubio

enero 20, 2010 3 comentarios

Uno de los equipos que más ha dado que hablar a lo largo de la historia del calcio italiano ha sido la Lazio de los 70. Aquel conjunto logró acabar con la supremacía que entonces tenían las escuadras del norte, sobre todo las de Milán y Turín. Sin embargo, el vestuario de esa Lazio era un auténtico polvorín dividido en dos bandos que se llevaban a morir  en el que lo típico era ver como los jugadores iban armados a los entrenamientos y a cualquier sitio. Uno de los pocos futbolistas normales de los romanos que se salían de este estereotipo fue Luciano Re Cecconi, el Ángel Rubio.

Luciano nació el uno de diciembre de 1948 en Nerviano, Milán. Como futbolista dio sus primeros pasos en el Pro Patria, de la Serie C, con el que debutó el 14 de abril del 68. Allí Carlo Regalia apostó fuerte por él y pronto logró hacerse con la titularidad. Aun así, fue Tommaso Maestrelli el que se encargó de esculpir al jugador. El técnico vio algo especial en aquel centrocampista que se había mostrado muy bien dotado físicamente pero que técnicamente todavía dejaba algo que desear.

Por esta razón, decidió ficharlo para el Foggia, de la Serie B, en el 68. Allí permaneció hasta el 72, año en el que nuevamente Maestrelli se volvió a acordar de él y lo reclutó para la Lazio, una escuadra que le presentaba el mayor resto de su carrera: intentar hacerse con el Scudetto. Allí se convirtió en lo que denominan en Italia como un “quatro polmoni”, un centrocampista que cubría todo el campo.

Re Cecconi se ganó en su primer año tanto a afición como a crítica y comenzó a ser apodado como el Ángel Rubio por su melena cobriza o como Netzer por su parecido con el futbolista alemán. Aquella Lazio se quedó a un paso de ganar en el 73 el título, pero si que logró que la Juventus mordiera el polvo en el 74, posibilitando de esta manera que la entidad romana sumara su primer Scudetto.

Sin embargo, el vestuario de aquel equipo pese a los éxitos en el campo era lo más parecido a la guerra civil. “Llevábamos pistola casi todos y había dos equipos distintos, ni nos veíamos en los hoteles. Si un grupo ya había utilizado un secador de pelo, por ejemplo, el otro no se atrevía ni a tocarlo. Eso sí, en el campo éramos sólo un equipo. Si en un partido alguien le hacía daño a Chinaglia o Wilson, que eran de su clan, Martini y los suyos se comían al que lo hubiera hecho. Luego, durante la semana, ni nos hablábamos”,  relata D’Amico, uno de los componentes de la escuadra romana.

De hecho, la Lazio no pudo participar en la Copa de Europa del 75 por una paliza que les dieron en el vestuario a los ingleses del Ipswich Town el año anterior. Finalmente, aquel conjunto campeón acabó desmembrándose y uno de los pocos que permaneció fue Lucianno, muy apreciado por todos por su carácter divertido y alegre. Algo que le iba a marcar para siempre.

El 18 de enero de 1977 se encontraba por las calles de Roma con Ghedin, un compañero de la Lazio, y con Giorgio Fraticcioli, un perfumero amigo de ambos. Cuando los dos jugadores se disponían a marcharse a su casa, el perfumero insistió en que se quedaran. “Vamos, ven conmigo, el tiempo para dejar un poco de algo para Tabocchini, el joyero, y estamos de vuelta. Cecco, tienes que contarme de nuevo lo que te dijo Picchio, ¿cómo hacer que se pierda el rigor? “.

Lucciano también conocía al joyero, que en los últimos meses había sufrido varios robos a mano armada. Por ello, cuando llegaron al establecimiento decidió gastarle una broma. “Fermi tutti. Questa è una rapina” (Quietos todos. Esto es un atraco), señaló el ángel rubio al entrar. Bruno Tabocchini se encontraba de espaldas, por lo que no había logrado ver a sus amigos.

Por ello, presa del pánico por los robos sufridos antaño, cuando se dio la vuelta desenfundó su pistola «Walther», con la que pegó un tiro que acabó en apenas veinte minutos con la vida del ángel rubio. Un mes más tarde, el joyero fue absuelto por un tribunal romano. El jurado decidió que Tabocchini actuó en estado de legítima defensa real pese a que el  fiscal Franco Marrone había pedido para él la condena de tres años de prisión. Fue el final más trágico para un equipo marcado por un estigma que parecía decidido a acabar con él. Por ello, el destino fue tan cruel: se prefirió llevar a aquel que siempre desenfundaba una sonrisa a un arma.